AMLO en el poder:¿cómo llegamos aquí?

María Cristina Hall

Quizá no se pueda hablar de una época previa a AMLO, porque aun cuando el PRIAN estuvo en el poder, Andrés Manuel López Obrador estaba ahí detrás, convocando protestas, aclamando tan famosa frase: ¡Voto por voto, casilla por casilla! Sin embargo, está claro que AMLO fue la consecuencia de un hartazgo con los partidos tradicionales: el PRI y el PAN. 

A pesar de las notables y controversiales reformas de Enrique Peña Nieto en materia energética, educativa y de telecomunicaciones —las cuales lo llevaron a figurar en la portada de la revista Time en febrero de 2014, bajo la leyenda “SAVING MEXICO” (Salvando a México) superpuestas sobre su busto, la corrupción y la violencia provocarían un cambio de 180 grados en su popularidad y terminarían por derrocar al PRI. 

Peña Nieto no pudo redimirse tras el escándalo de corrupción que emanó de la Casa Blanca, las desapariciones de Ayotzinapa, los sobornos estratosféricos de Odebrecht a cambio de contratos de construcción gubernamentales y de sus amistades de calidad dudosa con políticos como el exgobernador Javier Duarte, quien fue acusado –entre otras muchas cosas– de suministrar agua destilada a niños con cáncer, en lugar de medicinas. 

La opción más evidente para el país, tras la estrepitosa caída del PRI, era el mismo PAN, pero la población no pudo hacerse de la vista gorda frente a la persistente violencia que había acribillado al país desde el comienzo de la “Guerra contra el narco”, impulsada por Felipe Calderón. 

Y si bien la victoria presidencial de ese partido hubiera podido ser más o menos posible, el líder del partido, Ricardo Anaya, cambió las reglas del juego para poder postularse él mismo como candidato presidencial, aun cuando Margarita Zavala figuraba como la candidata natural, por su mayor popularidad. Es así que, un partido dividido y abrumado por las cifras de violencia que arrastraban, el PAN no logró una mayoría en las elecciones de 2018. En diciembre de ese mismo, AMLO recibió al país con un claro mandato: el 53% del voto y una mayoría en ambas cámaras del Congreso. Tras su primer año, la popularidad de López Obrador es tal que las encuestas registran una aprobación de entre el 59 y 72%. 

Es el primer presidente de “izquierda” en la historia reciente de México, aunque esta etiqueta es debatible. En realidad, lejos de incrementar los impuestos y crear más empleos en el sector público, AMLO ha apostado por la “austeridad”: ha recortado programas públicos (que él percibe como corruptos), para redireccionar los fondos hacia apoyos directos (es decir, dinero para los más pobres) y, además, espera solventar gastos futuros con petróleo, un recurso cuya disponibilidad en México es debatible, sobre todo en las cantidades necesarias para su proyecto. Mientras tanto, AMLO también ha dado vuelta atrás a la Reforma Educativa de Peña Nieto y al proyecto del Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, sacrificando 13 mil millones de pesos de inversionistas nacionales e internacionales. 

La desconfianza de los inversionistas domésticos tras dicha cancelación es un gran factor tras el crecimiento del 0 que actualmente afecta al país. Por otro lado, la violencia ha escalado: El homicidio doloso subió en un 3.6% en los primeros nueve meses del gobierno de AMLO. Si bien muchos de los problemas de López Obrador podrían ser heredados (quizá la violencia), otros, como es el caso del crecimiento 0, no son herencia del pasado. En 2020, todas las propuestas y cambios del año anterior deberían comenzar a rendir frutos (o no), así que no queda más que estar atentos a su desarrollo.

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