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La sociedad del cansancio

Rosario Sarmiento

Querido lector, quisiera comenzar esta entrega con un par de preguntas que me encantaría que te realizaras a ti mismo: ¿Últimamente te has sentido cansado? ¿Sientes que por más que duermas cientos de horas, no puedes tener un sueño reparador? ¿Te faltan ganas, ánimos y todo lo relacionado con la energía vital? 

Si has respondido que sí a la mayoría de estos cuestionamientos, o a todos, entonces, este tema es para ti. Desde hace algunos años, he estado siguiendo al filósofo coreanoalemán Byung Chul Han (1959) quien desarrolla, entre otros muchos temas, que vivimos en la sociedad del cansancio, y seguramente te estarás preguntando por qué, mi querido lector. 

Chul Han describe que el cansancio se debe a los excesos de la sociedad del consumo, de la hiperinformación e hipercomunicación. El capitalismo desbordante en nuestro tiempo produce que nosotros mismos nos sometamos a conseguir el éxito en breve tiempo, y si es inmediato mejor, sobre todo éxito económico. Antes había a quién echarle la culpa del fracaso individual, ya fuera al Estado, a los burgueses, a la falta de oportunidades y a bastantes más discursos que nos permitían liberarnos de la responsabilidad de no progresar. 

Sin embargo, en pleno Siglo XXI, estamos en la sociedad del rendimiento, flagelándonos a nosotros mismos; teniendo todas las posibilidades que nos brinda el mundo informático, no tendríamos por que no triunfar.

Por si fuera poco, querido lector, el hecho de tener que exigirnos cada vez más, nos causa enfermedades neuronales, sensación de asfixia, agotamiento y cansancio permanente que repercute en nuestra salud mental. El enemigo principal no es externo, no son las bacterias ni los virus, somos nosotros mismos los que causamos enfermedades que nuestro sistema inmunológico no puede combatir; trastornos como la hiperactividad, la falta de atención, ansiedad y agitación permanente son parte de este mundo que vivimos. 

Ante esta situación, no es de sorprender que muchos de los medicamentos que tienen mayor demanda en la actualidad sean los antidepresivos, ansiolíticos, sedantes e hipnóticos; pareciera que tenemos que doparnos día tras día para poder rendir más y maximizar los resultados, aun cuando estos ponen en peligro nuestra integridad física, mental y emocional. 

Al igual que a ti, querido lector, en lo personal me sucede que algunas noches no descanso, ni duermo como tendría que hacerlo, debido a la constante conexión con el mundo digital; tengo la necesidad de entrar a las redes sociales, de contestar los mensajes de texto y los correos de manera inmediata, quiero hacerlo todo a la vez y, cuando me doy cuenta, ya estoy exhausta para hacer cualquier otra cosa. 

El imperativo de todos los días, en esta era digital, es “yo puedo”, pero de tanto exigirnos esto, hay días en los que me pregunto: ¿realmente puedo con todo? Lamentablemente en nosotros mismos está la víctima y el verdugo. Por ello, han propuesto que tengamos más cuidado con toda esa hiperactividad que nos auto explota, aunque frente a los demás quedemos como el tonto que no quiere triunfar; no nos permitamos “poder con todo”. Piénsalo, estimado lector, es una buena tarea para reflexionar en este fin de año.

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