¿Es posible ser feliz o solo se pueden vivir buenos momentos?

La felicidad es como una mariposa. Cuanto más la persigues, más huye. Pero si vuelves la atención hacia otras cosas, ella viene y suavemente se posa en tu hombro. La felicidad no es una posada en el camino, sino una forma de caminar por la vida.

Viktor Frankl

Por Rosario Sarmiento

Cuando le preguntamos a alguien: ¿cuáles son tus grandes deseos en la vida? Las respuestas pueden ser muy variadas: tener dinero, viajar, que mis hijos estén sanos, siempre tener trabajo, entre muchas otras. Sin embargo, si seguimos preguntando, por ejemplo: ¿para qué quieres viajar? La última respuesta siempre será “quiero viajar para ser feliz”. Lo mismo sucede con todas las demás preguntas, la respuesta esencial es que, al final, todos los seres humanos anhelamos la felicidad.

No obstante, alguna vez se han preguntado: ¿qué es la felicidad? Lamentablemente, no existe una respuesta concisa para este cuestionamiento. Encontramos personas que buscan la felicidad en los mismos placeres de la vida; sin embargo, por más gratificantes que éstos puedan resultar, existe un inconveniente importante en esta postura hedonista: si buscamos estos placeres en exceso, nos acabarán haciendo daño. Aunque ¿quién podría ser feliz sin ellos?

Por otro lado, bien podemos buscar la felicidad en las riquezas, en el poder, en el reconocimiento de los demás, pero sucede lo mismo: si no tienes dichos placeres, seguramente sufrirás, pero si los buscas en exceso también terminarás siendo esclavo de ellos.

Algunas claves para la felicidad son:

  • Toma conciencia de tu cuerpo: conócelo, cuídalo, responsabilízate de él.

  • Cuida tu mente: observa tu pensamiento, no permitas que la negatividad se apodere de ti. Si te es posible, medita todos los días, pon en paz tu mente.

  • Reconoce tus emociones: no las niegues, date un espacio para notarlas y tratar de descifrar qué es lo que te quieren decir. Por ejemplo, si estás triste, date cuenta de que necesitas estar a solas contigo mismo, si te enojas, presta atención a este sentimiento, porque probablemente necesitas poner límites a algo o a alguien, si tienes miedo: date cuenta si tienes que ser cauteloso o inclusive salir de una situación o enfrentarla.

  • Conócete y acéptate tal y como eres: no quieras ser otra persona, ser tu mismo es lo más importante. San Francisco decía “no anheles ser sino lo que eres”. Una frase que ayuda a hacerlo es “a lo que resistes, persiste; lo que aceptas te lleva a transformarte y a hacer cambios”.

  • Desarrolla tus habilidades: ponlas en acción. Haz lo mejor que puedas. No quieras ser perfecto, pero intenta hacer y actuar de la mejor forma posible conforme a las circunstancias. Darte cuenta de que así lo hiciste, de la mejor manera, te hará sentir una gran satisfacción y mejorará tu autoestima.

  • Ejercita hábitos buenos: esto incluye virtudes de todo tipo: la valentía, la generosidad, la compasión, la resiliencia, la templanza, la prudencia.

  • No olvides la amistad: cultiva buenas amistades, aprende de tus amigos, escúchalos y procura hacerles bien, así como la regla de oro de toda religión: haz por otros lo que te gustaría que hicieran por ti.

  • No permitas que el ego te controle: renuncia a tener siempre la razón, concéntrate en las cosas que haces. Ten esperanza de lo bueno, sé realista, pero con optimismo.

  • No busques la felicidad afuera de ti, no la vas a encontrar en las cosas o en los demás.

  • La felicidad es una decisión: es un proceso que se vive interiormente y se expresa compartiéndola con los demás.

  • Haz lo que tienes y quieres hacer todos los días: en tanto no afectes a terceros. No te preocupes por alcanzar la felicidad, llegará en su momento, después de que pongas tu mejor esfuerzo todos los días.

Estas son tan solo un par de recomendaciones que si tú, amigo lector, comienzas a seguir en tu día a día, comenzarás a darte cuenta de que no hay que esforzarse demasiado en encontrar la felicidad, puesto que la podemos encontrar inclusive en las cosas más pequeñas que nos rodean. La felicidad no es una aspiración, es uno de los derechos más importantes con los que contamos los seres humanos y, por ello, debe representar el eje rector de nuestra existencia misma.

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