Migrante salvadoreña se reencuentra con sus hijos después de 31 años sin verlos

Por Reyna Luna Newcombe

Marín, Nuevo León.- La guerra en El Salvador los separó, pero Facebook los reunió.

Lilian Alvarado jamás imaginó que volvería a ver a sus dos hijos, a quienes les dijo adiós hace 31 años, cuando huyeron junto con su padre de El Salvador, por la guerra que entonces se vivía.

Los hermanos Dalinda y Salvador Segovia, entonces de nueve y siete años respectivamente, pasaron frío, hambre y peligro extremo. La meta era llegar a Estados Unidos, pero durante el viaje Salvador se enfermó, por lo que el padre decidió asentarse en Marín, Nuevo León.

En un principio los niños tenían contacto con su madre, pero al paso del tiempo el padre decidió cortar de tajo toda comunicación, y así pasaron los años.

“Siempre me imaginé cómo estaría ella cuando la vería; me ha hecho tanta falta”, dice Dalinda, visiblemente emocionada, momentos antes de reencontrarse con su madre después de más de tres décadas.

En El Salvador, Lilian se dio cuenta que mediante Facebook muchas madres buscaban a sus hijos migrantes, así que a su avanzada edad aprendió lo suficiente para hacerse de una cuenta y comenzar la búsqueda que meses después daría resultado.

“Yo no me acuerdo de cómo es, olvidé su cara”, expresa Salvador.

El domingo 24 de noviembre arribó a Marín, Nuevo León, la Caravana de Madres Centroamericanas que buscan a sus hijos, organizada por el Movimiento Migrante Mesoamericano y Puentes de Esperanza en la que viajaba Lilian Alvarado.

“México tiene que reaccionar, la sociedad mexicana no puede pensar que los migrantes son criminales, tiene que pensar que los migrantes son personas que tienen una cara, un apellido, un nombre, una familia y seguramente una madre que los está buscando”, dice Martha Sánchez, líder de esa organización.

Rubén Figueroa, de Puentes de Esperanza, dice que ayuda a reunir familias heridas, y agrega: “Todo aquel que conozca a una persona migrante que no se haya podido comunicar con su familia por alguna razón, nosotros lo hacemos”.

Tras reencontrarse, Lilian, Dalinda y Salvador se fundieron en un abrazo eterno, acompañado de las lágrimas que escurrían sobre los rostros que no habían visto durante 31 años.

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