La otra voz de Octavio Paz

Por Javier Aranda Luna

En 1975 se transmitió en horario estelar por canal 2 el programa que me parece es más importante sobre poesía que se haya transmitido en la televisión de hispanoamérica. No hubo cortes comerciales y los invitados fueron algunos de los poetas más importantes de la segunda mitad del siglo veinte: Elizabeth Bishop, Vasko Popa, Joseph Brodsky, Álvaro Mutis y, por supuesto, Octavio Paz, quien hizo posible ese encuentro. 

Tiempo después Brodsky y Paz recibirían el premio Nobel de Literatura y el Premio Cervantes.

Octavio Paz no solo fue un notable poeta, sino también un incansable promotor del quehacer poético. Además de ese programa, dedicó otros que nos acercaron a la poesía inglesa, francesa y española; al tiempo que nos invitó a conocer a escritores fundamentales como Ezra Pound, Novo, Pellicer, Villaurrutia, Gorostiza, T.S. Eliot y Sor Juana Inés de la Cruz.

No solo eso, desde su adolescencia se destacó como un notable editor, labor en la siempre tuvo espacio la poesía. Su aventura editorial la inició en su revista de preparatoria Barandal, publicada cuando tenía 17 años junto a un grupo de amigos, entre los que se encontraban Rafael López Malo, Arnulfo Martínez y Salvador Toscano, para seguir en publicaciones como Taller, El hijo pródigo, Plural y Vuelta.

Muchos de los poemas que aparecieron en esas revistas fueron traducidos por el propio Paz y con los años los reunió en el volumen Versiones y diversiones. ¿Se puede decir que los poemas traducidos representaban sus gustos e ideas? Sí, pero también no, como él mismo decía. Las traducciones fueron resultado de la pasión y la casualidad, de alguna manera, pero también de la necesidad de compartir con un grupo de lectores que no habían tenido acceso a esos poetas.

En ese volumen publicado originalmente en 1978, se encuentran por ejemplo,  algunas de las mejores traducciones de Fernando Pessoa, Mallarmé, Apollinaire, Cocteau, Bretón, John Donne, Yeats, Pound, Cummings, Stevens, Strand, o Ekelof al español.

Su trabajo como editor pese a haber sido tan visible, ha resultado al paso de los años el más invisible. Sin embargo, a la par de su trabajo de divulgador, escribió espléndidos ensayos para reflexionar sobre el quehacer poético. “El arco y lira” y “La otra voz” son dos de ellos.

Cómo no recordar el inicio de “El arco y la lira”: «La poesía es conocimiento, salvación, poder, abandono. Operación capaz de cambiar al mundo, la actividad poética es revolucionaria por naturaleza; ejercicio espiritual, es un método de liberación interior».

“Sor Juana Inés de la Cruz o las trampas de la fe” es, sin duda, el mejor estudio hecho sobre nuestra poeta universal. Su capacidad para asimilar distintas tradiciones literarias y templar su obra personal con ellas es otra zona de influencia del trabajo de Paz en la poesía hispanoamericana.

Tal vez me equivoque, pero me parece que “Piedra de sol” ha sido el poema de Paz que más ha influido a la poesía hispanoamericana. Dicho poema de 1957, aparece en la colección Tezontle del Fondo de Cultura Económica, del cual se lanzaron 300 ejemplares. En ese mismo año el también poeta Ramón Xirau publicó un comentario que para algunos sigue vigente: «Si “El arco y la lira” es la summa del pensamiento de Octavio Paz, “Piedra de sol” es también la summa de su poesía».

Para José Emilio Pacheco, “Piedra de sol” fue la obra maestra de Octavio Paz. Escribió incluso en uno de sus ensayos que le gustaría que lo enterraran con ese poema; Juan Malpartida, otro poeta, lo leyó en el funeral de su madre. Creo, como Xirau, que “Piedra de sol” es la summa de la poesía de Paz. También creo, como Pacheco, que es su obra maestra, la que más ha influido en la literatura hispanoamericana.

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