La compleja y difícil historia del feminismo, desde el siglo XVIII

Y la culpa no era mía. Ni dónde estaba. Ni cómo vestía...

Por Rosario Sarmiento

En los últimos años hemos observado el auge de un movimiento de valientes mujeres que, inconformes con la violencia, desigualdad y el poco apoyo recibido por una sociedad marcada por claras preferencias hacia el género masculino, han decidido alzar la voz, tomar las calles, no quedarse en silencio y unirse como hermanas.

El feminismo representa uno de los movimientos sociales, políticos, culturales y económicos más importantes en la historia, tanto así, que incluso hoy continúa evolucionando y transformándose a sí mismo. Debido a su complejidad, la mejor manera de entender de dónde proviene esta doctrina y estudiarla a profundidad, querido lector, es a través de la división de cuatro olas, las cuales se llevaron a cabo a lo largo de varios momentos históricos que conformaron un parteaguas social.

En este aspecto, la primera ola del feminismo surge en el siglo XVIII, cuando un grupo de grandes mujeres demostraron estar dispuestas a arriesgar sus vidas para luchar para que los derechos humanos proclamados por la revolución francesa contemplaran a la mujer ya que, como bien recordarás, el nombre del documento que marcó esta revolución se conoce como la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, cuyo título y contenido se encontraba claramente marcado por una esencia machista . Este hecho llevó a las mujeres a alzar sus voces al unísono en búsqueda de justicia, equidad y representación ante la ley y los derechos universales.

Un siglo más tarde llega la segunda ola del feminismo, la cual fue representada por sufragistas desde mediados del siglo XIX hasta la década de los cincuenta del siglo XX, las cuales centraron su lucha y misión en lograr la inclusión de las mujeres en los procesos electorales, acción antes reservada únicamente para los hombres, el reclamo a la educación superior y la propuesta de la eliminación de la obligatoriedad del matrimonio.

Años más tarde, surge la tercera ola, la cual abarca desde la década de los sesenta hasta los ochenta en el siglo XX. En este momento se vuelve fundamental la lucha de las mujeres por la liberación sexual y de sus cuerpos, la cual encontró una excelente aliada en la invención de los anticonceptivos, los cuales le dieron el poder a la mujer de tener control sobre la natalidad. Adicionalmente, por primera vez en la historia, las mujeres comienzan a ganar presencia en el mundo político a pesar de que su porcentaje es claramente menor al de los hombres.

En la actualidad, estimado lector, presenciamos la cuarta ola, de la cual es testigo el mundo occidental y en donde el activismo en línea y presencial han cobrado gran fuerza. Esta etapa plantea el fin de los privilegios del patriarcado, repudia la violencia de género, acoso y abuso sexual y todo tipo de manifestaciones económicas y políticas que siguen sometiendo a las mujeres. Adicionalmente, se postula para acabar con los estereotipos femeninos de la raza blanca, la delgadez enfermiza de la industria de la moda y la legalización de la interrupción del embarazo de manera segura.

Los latinoamericanos hemos sido partícipes, desde el 8 de marzo de 2018, de esta lucha que cada vez cobra más adeptos y más fuerza. Al mismo tiempo que presenciamos la aparición de opositores que abiertamente critican el fin mismo del movimiento y los medios violentos que han sido utilizados en algunas de las marchas alrededor del mundo, incluyendo nuestro país.

Querido lector, es importante dejar algo en claro: como mujer, a nivel personal, no estoy de acuerdo con emplear la violencia, sin embargo, la historia nos ha demostrado que los grandes movimientos que han traído consigo cambios fundamentales y crecimiento de la humanidad se han llevado a cabo de manera violenta, no todos, si bien es cierto, pero sí una gran mayoría de ellos. 

Así, por ejemplo, las sufragistas pelearon por conseguir el voto de las mujeres con violencia, por lo que fueron castigadas severamente, igual que las de la revolución francesa, que tuvieron que dar la vida por atacar las leyes imperantes de su sociedad. Cabe recalcar que ninguna de estas revoluciones se llevó a cabo como una apología a la violencia, todo lo contrario, las mujeres presentes en ellas, y en las que suceden en la actualidad, cuentan con un sentido moral superior a la de la mayoría.

El movimiento de hoy contra la violencia de género, que es ancestral, tiene que tomar medidas inimaginables en un contexto normal, en ciertas ocasiones, para hacerse escuchar.

En este aspecto, muchas mujeres han intentado, por años, manifestarse a través de medios pacíficos, no obstante, por desgracia no han sido escuchadas y atendidas con la seriedad que se merecen, siendo la sociedad una de las principales culpables en no cumplir con las demandas que estas grandes mujeres exigen.

Muestras de lucha de las valientes integrantes del feminismo las podemos encontrar en parte en las diversas pintas de monumentos emblemáticos en dos de las últimas marchas en nuestro país. Asimismo, nos encontramos con demostraciones masivas como el reciente performance creado por mujeres chilenas en donde se corea al unísono “el violador eres tú”, palabras que hacen alusión a la rabia e impotencia que sienten muchas mujeres hacia las injusticias y agresiones cometidas en su contra.

Puede gustarte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Noticias Populares