Escándalos de corrupción cimbran al estado Vaticano

Reportes y documentación dada a conocer por medios internacionales, dan cuenta de los malos manejos de algunos funcionarios del banco de la Iglesia Católica.

Enrico Garibaldi/Pedro Hernández M.

Muchos han sido los señalamientos de corrupción, abusos y otros escándalos que se esconden tras las paredes del Vaticano, donde el hermetismo y los secretos de años han sido poco conocidos o ocultados por las mismas autoridades del Estado Pontificio, aunque cuando salen han dejado mal parado al sucesor de San Pedro en turno.

De acuerdo a los medios europeos, como la BBC y la Agencia France Press (AFP), la destitución del director del IOR, Ettore Gotti Tedeschi, es para tratar de poner fin a una nueva serie de escándalos en el Vaticano. En el año de 2016 la Santa Sede fue el centro de atención por el arresto de un mayordomo del Papa, sospechoso de haber entregado a la prensa cartas y documentos confidenciales del centro de la religión católica del mundo.

Dicha captura fue ligada a una serie de documentos publicados por medios italianos desde principios de año. Entre ellos figuran cartas escritas por un arzobispo que fue transferido a Estados Unidos tras denuncias sobre una red de corrupción.

Asimismo, destaca un memorándum que puso en entredicho la reputación de cardenales y documentos que revelan conflictos de poder dentro del Instituto para las Obras de Religión (IOR), conocido también como el Banco Vaticano.

Esto trajo como consecuencia la destitución del director del banco, Ettore Gotti Tedeschi.

Durante su gestión la entidad ha estado bajo investigación por lavado de dinero, “hasta hace poco tiempo el estilo del Vaticano era lavar los trapos sucios en casa. Ahora prácticamente sale todo a la luz”, publicó en BBC Mundo, Alessandra Buzzetti, periodista experta en asuntos del Vaticano.

La institución crediticia justifica su existencia por la necesidad de administrar los activos destinados a obras religiosas o de beneficencia, que se ha visto envuelto en constantes escándalos y misterios sin resolver desde su fundación en 1942 por el papa Pío XII.

Ahora en la gestión del Papa Francisco – Jorge Mario Bergoglio –, recibiendo al secretario de Estado de los Estados Unidos Mike Pompeo, y la visita de obispos a un congreso y demás prelados hablando del nuevo escándalo financiero en la cúpula de la Iglesia Católica, esto generó más presión y especulaciones a unos días de celebrarse el sexto consistorio donde el jerarca católico nombrará nuevos cardenales, dándoles armas a los opositores al religioso de origen argentino por sus reformas financieras.

Hace unos días, la Gendarmería del Vaticano ingresó a las instalaciones de la “Terza Loggia” en el Palacio Apostólico del Vaticano, centro del poder financiero del Vaticano, en busca de documentos y aparatos electrónicos para continuar con las investigaciones.

En el rotativo La Nación se difundió que también se suspendió en forma preventiva a cinco funcionarios de este dicasterio (tribunal de justicia) clave, que estarían involucrados en turbias operaciones financieras inmobiliarias millonarias, realizadas en los últimos años en el exterior, así como en el reciclaje de dinero ligado al óbolo de San Pedro, que recolecta las donaciones de todo el mundo.

Entre ellos –un prelado y cuatro laicos–, el personaje más visto es Tommaso Di Ruzza, el director de la Autoridad de Información Financiera (AIF), el ente encargado de vigilar que no haya reciclaje o movimientos de dinero sospechosos. Y un monseñor, Mauro Carlino, jefe de la oficina de información y documentación de la Secretaría de Estado, que fue durante años secretario personal del cardenal Angelo Becciu, un hombre que esta hace poco fue muy poderoso. Becciu fue sustituto de la Secretaría de Estado, es decir, el número tres de la Santa Sede, desde 2011 hasta mediados de 2018, cuando el Papa lo reemplazó por el venezolano Edgar Peña y lo desplazó a la Congregación para las Causas de los Santos.

El Papa Francisco fue alertado por el Instituto para las Obras de Religión (IOR, el banco del Vaticano) y el Revisor General de estas irregularidades en junio, y dio luz verde al operativo porque “quiere ir hasta el fondo”, según trascendió.

En un reflejo de su determinación a hacer limpieza, Francisco designó a Giuseppe Pignatone, exfiscal general de Roma y exprocurador antimafia, como nuevo presidente del tribunal criminal de la Santa Sede.

A pesar de que no hay demasiada información sobre el escándalo –revelado por el semanario L’Espresso–, medios italianos detallaron como inmuebles comprados por centenares de millones de euros en París, en Londres y en Suiza. El Corriere della Sera escribió sobre un “edificio de lujo en Sloane Square, en el corazón de uno de los barrios más caros de Londres, sobre el que se invirtieron en forma aventurera 200 millones de euros”. Además, de la “guerra interna” que se oculta detrás del escándalo, ya que Di Ruzza, yerno de Antonio Fazio, el exdirector de la Banca de Italia (el banco central), “era de la cordada relacionada con el cardenal Tarcisio Bertone”.

Asimismo, el Huffington Post indicó que las sospechas se centran sobre el denominado “negocio Grolux”, una inversión inmobiliaria de 100 millones para comprar una propiedad en el número 176-206 de High Street Kensington, formada por 108 departamento y más de 5000 metros cuadrados de tiendas, que valdría la mitad.

“No se sabe por qué motivo, de hecho, esta propiedad fue comprada en 2015, cuando era anuncio el arzobispo Antonio Mennini, en medio de la burbuja inmobiliaria y con una libra esterlina muy fuerte, cuando hoy su valor se derrumbó también debido a la incertidumbre por el Brexit”, refirió Maria Antonietta Calabró.

La especialista en temas del Vaticano indicó que la empresa compradora resulta ser la británica Grolux, que maneja desde hace décadas inversiones realizadas por el Vaticano con dinero que recibió de parte del gobierno italiano cuando se firmaron en 1929 los pactos Lateranenses (que regulan las relaciones entre Italia y la Santa Sede). Calabró también destacó que, en todo caso, esa compra fue posterior a otro escándalo inmobiliario que implicó a ex directivos del IOR en diciembre de 2014, por el que están siendo procesados Angelo Caloja, Gabriele Liuzzo y su hijo.

Más allá de estos detalles, en el Vaticano era palpable la irritación, por no decir indignación, por el hecho de que L’Espresso publicó el facsímil de un comunicado escrito por el comandante de la gendarmería vaticana, Domenico Giani, con el que avisaba con nombre y foto que cinco funcionarios habían sido suspendidos preventivamente de sus cargos, por lo que se iba a limitar su ingreso al Vaticano.

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