Tradiciones, emociones: ¿Cuánto necesita un niño?

Por Hans Joachim Hepke

“¿Piensas que la fantasía no es real? ¡De ella solo crecen mundos futuros!, ¡En lo que creamos, somos libres! Solo aquellos que pueden soñar tienen visiones” Michael Ende.

Estas declaraciones muestran lo importante que es que no solo dejemos a los niños soñar, sino también nos demos un espacio y tiempo a nosotros mismos, para vivir en fantasías, en utopías, en el mundo de las emociones.  Muchas de estas emociones a menudo tienen sus orígenes y relaciones en tradiciones, en rituales que revivimos una y otra vez en el transcurso de un año. Son las zonas de confort de nuestra vida del alma, nos dan un nuevo aire para respirar, fortalecen nuestras energías positivas.

No imaginen algo malo en mi nuevo hogar México, hablé con los jóvenes de octavo grado de secundaria, sobre la costumbre decembrina que se celebra en Alemania. También hablé sobre mi tiempo en Turquía y mi visita a Demre, antiguamente Myra, la ciudad natal del obispo Nicholas. Les leí la leyenda de San Nicholás y les expliqué por qué el 6 de diciembre en Alemania celebramos la Noche de San Nicholás de diferentes maneras.

¿Por supuesto, finalmente preguntaron si este “Nikolaus” era nuestro “Santa Claus”? Inconscientemente, también porque contaba con la serenidad de los jóvenes, les expliqué que “Santa Claus” era la figura de fantasía creada para una campaña publicitaria de Coca-Cola en 1931 que no vive ni en el Polo Norte ni con el trineo de renos que vuelan en el cielo. Luego me sorprendieron las protestas y las lágrimas de un niño de 15 años que realmente me afectó.

Me explicó que le había destruido los mundos de sus sueños que siempre han sido una realidad para él. ¡Todavía estaba buscando una conversación personal con él después de la clase, porque no quería destruir sus emociones y sus mundos de ensueño! Pero probablemente ya era demasiado tarde para eso.

Recordé como una vez les había contado a los niños en las historias del Conejito de Pascua de la tercera clase y noté con entusiasmo sus mejillas sonrojadas y sus miradas vidriosas. Estas y muchas experiencias similares en la escuela y en la práctica de consejería me mostraron una y otra vez que las necesitamos: nuestros sueños, nuestras fantasías, el vivir de nuestras emociones.

La fantasía es la capacidad de imaginación que hace posible el recordar y el pensar en todas sus formas. La fantasía es la imaginación para ir más allá del mundo objetivo. La imaginación, por su parte, puede fomentar la creatividad, aunque la creatividad requiere algo más que ir más allá de la realidad, ya que la creatividad también requiere el criterio de adecuación o utilidad. Pero eso cierra el círculo y puede ser cierto: “¡Solo aquellos que pueden soñar tienen visiones!

Hasta la próxima con: “El vínculo emocional de la familia y la independencia.”

Traditionen – Emotionen: Wie viel braucht ein Kind?

„Du meinst, dass Fantasie nicht wirklich sei? Aus ihr allein erwachsen künftige Welten! In dem, was wir erschaffen, sind wir frei!“ (Michael Ende) „Nur wer träumen kann, hat Visionen!“ Diese Aussagen zeigen auf, wie wichtig es ist, dass wir nicht nur den Kindern, sondern auch uns selbst Raum und Zeit zum Träumen oder einfach zum Leben in Fantasien, in Utopien, in der Welt der Emotionen lassen und schaffen. Viele dieser Emotionen haben ihre Ursprünge und Beziehungen oftmals in Traditionen, in Ritualen, die wir im Verlaufe eines Jahres immer wieder neu aufleben lassen. Sie sind die Komfortzonen unseres Seelenlebens, sie geben uns neue Luft zum Atmen, sie verstärken unsere positiven Energien. Nichts Böses ahnend sprach ich in einer 8.Klasse der Mittelstufe in meiner neuen Heimat Mexico eines Tages mit den Jugendlichen über das Brauchtum gerade zu dieser Zeit in Deutschland. Ich erzählte auch von meiner Zeit in der Türkei und meinem Besuch in Demre, einst Myra, der Heimatstadt von Bischof Nikolaus. Ich las ihnen die Legende von St. Nikolaus vor und erklärte ihnen, warum wir am 6.Dezember in Deutschland auf verschiedene Weise den Nikolausabend feiern. Natürlich fragten sie mich schließlich, ob denn dieser „Nikolaus“ ihr „Santa Claus“ sei? Unbedacht, auch weil ich mit der Abgeklärtheit der Jugendlichen rechnete, erklärte ich ihnen, dass es sich bei „Santa Claus“ um die Fantasiefigur handle, die für eine Werbekampagne von Coca-Cola 1931 erschaffen wurde, die weder am Nordpol lebe, noch mit dem Rentierschlitten am Himmel fliege. Da wurde ich von den Protesten und den Tränen eines 15-jährigen Jungen überrascht, die mich sehr betroffen machten. Er erklärte mir, dass ich ihm nun seine ganzen Traumwelten zerstört habe, die für ihn immer so etwas wie Wirklichkeit gewesen seien! Ich suchte nach dem Unterricht noch das persönliche Gespräch mit ihm, denn ich wollte ihm durchaus nicht seine Emotionen und seine Traumwelten zerstören. Doch war es dazu wohl nun zu spät. Ich erinnerte mich daran, wie ich selbst einst den Kindern in der 3.Klasse Osterhasengeschichten erzählt hatte und mit Begeisterung ihre geröteten Wangen und gläsernen Blicke zur Kenntnis nahm. Diese und viele ähnliche Erlebnisse in der Schule und in meiner Beratungspraxis zeigten mir immer wieder auf, dass wir sie brauchen: unsere Träume, unsere Fantasien, das Ausleben unserer Emotionen. Fantasie ist die Vorstellungsfähigkeit, die das Erinnern und das sonstige Denken in all seinen Formen ermöglicht. Fantasie ist die Vorstellungskraft, über die objektive Welt hinauszugehen. Vorstellungskraft ihrerseits kann die Kreativität fördern, obwohl Kreativität mehr erfordert, als nur über die Realität hinauszugehen, denn Kreativität erfordert auch das Kriterium der Angemessenheit oder Nützlichkeit. Doch damit schließt sich der Kreis und es mag also zutreffen: „Nur wer träumen kann, hat Visionen!“ 

Bis zum nächsten Mal und „Das emotionale Band der Familie und die Unabhängigkeit.“

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