Haciendo comparaciones

Raquel Bialik

Seguramente es humano y universal el hacer comparaciones prácticamente en todo; en quienes somos, en lo que hacemos, en lo que tenemos, en lo que queremos. ¿Por qué y para qué dichas comparaciones? Tal vez, para medirnos con (o contra) los demás; para tener modelos a seguir, corregir fallas, estimularnos…

¿Nos equiparamos para sacar de nosotros nuestra mejor versión, para retro alimentarnos y obtener con ello una auto imagen positiva?

Lo cierto es que sucede casi siempre lo contrario. Nos comparamos con aquello con lo que desearíamos ser, tener y parecernos. Casi siempre es contra el ideal que estamos buscando, soñando y que ya existe en alguien más pero no en nosotros; por lo menos, no todavía.

Cuando esas comparaciones son un tanto asimétricas, lo que nos genera es malestar, efectos negativos para la autoestima y frustración.

Jordan Peterson, psicólogo canadiense de la Universidad de Toronto en sus “12 reglas para vivir, un antídoto al caos” señala en su regla 4, el efecto nocivo de establecer comparaciones en un mundo globalizado como en el que vivimos. Nos dice que da igual lo bueno que seas en algo o cómo contabilizas tus logros, siempre hay alguien por ahí que te hace quedar como un incompetente. No tocas mal la guitarra, pero no eres Jimmy Page Siempre habrá alguien con un yate más grande o un reloj automático más lujoso… No somos iguales ni en las habilidades, ni en los resultados que conseguimos y nunca lo seremos. La frase que “siempre habrá alguien mejor que tú, o bien, quien notará la diferencia dentro de cientos de años”, podría sonar a un tópico nihilista y nos lo decimos desde esa voz interior que, deberíamos de dejar de escucharla, pues nos implica una piedrita para nuestro desenvolvimiento y motivación. Entonces, ¿para qué? Pues, para nosotros mismos.

Compararse tiene que ver con cómo percibimos el éxito y el fracaso y aquí es donde debemos tener claro cómo lo define cada uno. Entender que nuestras vidas se componen de distintos compartimentos y que en cada uno existen esos criterios de logro o derrota y frustración. Y que no hay uno, sino muchos “juegos” donde se puede conquistar la plena satisfacción en algunos, y en otros no, o todavía no.

Si compararte te implica crecimiento, hazlo. Pero si el efecto es negativo, paralizante, duele y frustra, evítalo y enfócate en tu propio brillo que seguramente lo posees. No te compares con otro, compárate con quien eras antes.

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail:  agorabi16@gmail.com

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