Aguas turbias en Bolivia

Ricardo Sarraf

A la fecha casi todos los mexicanos sabemos o al menos hemos oído hablar sobre el delicado tema de Bolivia y el exilio de Evo Morales a México. ¿Qué sucedió en Bolivia, un golpe de estado o un regreso a la democracia? Marcará el regreso de las dictaduras derechistas en Latinoamérica, o será una derrota de la exhausta izquierda más autoritaria de Sudamérica, La respuesta a esa pregunta dependerá de a quién se la haga, pero los dos lados dirán que están luchando por lo mismo, el futuro de su nación.

Si algo ha sido claro es que los medios y críticos tanto de izquierda como de derecha, han disfrutado de esta jugosa oportunidad para echar culpas y llamarse de nombres. Pero independientemente de las discusiones en internet, las batallas más intensas se desarrollan en las calles bolivianas, donde comenzó la crisis hace solo unas semanas.

Después de las intensas manifestaciones sobre los cuestionables resultados de las elecciones; ocurrió un motín policial, varios aliados sindicales de Morales lo abandonaron y luego los militares pidieron su partida, forzándole así a huir del país. Pero su partida, lejos de resolver la crisis de Bolivia, solo la profundizó. Después de que sus aliados partidarios en la legislatura renunciaron, se nombró como presidenta interina a Jeanine Áñez, de la derecha cristiana. Al asumir el cargo y después de haber nombrado a su gabinete, declaró que “la Biblia ha vuelto a entrar al palacio”, y advirtió a Morales que podría ser procesado si regresaba a Bolivia. Sin embargo, su responsabilidad como líder temporal es organizar nuevas elecciones dentro de los 90 días, no instaurar un nuevo régimen.

El jueves, los políticos del partido de Morales y el gobierno interino dijeron que habían llegado a un acuerdo para llevar a cabo la votación en 90 días. Pero el viernes, Áñez dijo que el acuerdo había fallado, sin dar más explicaciones. Como reacción obvia, las protestas han continuado, con partidarios de Morales atacando policías, acusando a las autoridades y opositores de atacarlos por ser indígenas. La situación ha generando cada vez más tensión entre las diferentes facciones de Bolivia, el desorden popular no parecerá cesar en el futuro próximo.

Morales era un idealista pragmático y efectivo. Durante su mandato, logró convertir al país más pobre de Sudamérica a la economía con el crecimiento más rápido del continente. Como el primer líder boliviano de origen indígena, logró darle atención a una de las comunidades más ignoradas y reprimidas del continente. Enfocó mucho el gasto gubernamental en la educación, pero su mayor logro fue cortar la pobreza a la mitad. Dicho lo anterior, no debería sorprendernos el inmenso apoyo que ha recibido Morales inclusive después de su forzado exilio.

Como la mayoría de los países latinoamericanos, Bolivia ha batallado con mantener gobiernos estables y permitir la transición pacífica del poder de un gobierno a otro. Si Morales hubiese simplemente dejado el poder y permitido la transición pacífica y eficiente de éste, hubiera sido recordado y celebrado como el mejor líder boliviano hasta la fecha y marcaría un precedente histórico inolvidable.

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