El equilibrio entre la tecnología y la vida del alma

Por Hans Joachim Hepke 

El equilibrio entre la tecnología y la vida del alma

Desayuno en un hotel: una familia joven viene al comedor, mamá, papá, dos niños, se estima que tienen entre dos y tres años. El niño mayor trota detrás de su familia con una tableta en su mano. No mira a la derecha ni a la izquierda, pero al menos encuentra el camino hacia la mesa donde se sientan sus padres. La mesa es ideal para colocar su tableta frente a ti.

Después de un tiempo, sus padres le sirven un plato de desayuno, a un lado de la tableta, por supuesto. El niño parece que ha encontrado un “compañero de conversación” emocionante, porque hace sonidos con emoción e indefinibles que lingüísticamente no son asignables. En algún momento, su madre le empuja una cucharada de comida la boca,  puede que esté malhumorado. Parece que es mejor no molestarlo en su trabajo ocupado.

Estoy esperando, porque de alguna manera esta situación es demasiado emocionante para mí. ¿Qué va a pasar? Los sonidos que hace son más fuertes y más excitados. Cuando los padres salen de la sala de desayuno, después de aproximadamente media hora, el niño va tras ellos nuevamente, acompañado de su invisible compañero, desafortunadamente. No se da cuenta de lo que sucede a su alrededor, tal vez ni siquiera se da cuenta de sus padres. ¿Sólo una coincidencia? Pero probablemente no, porque podría enumerar muchos ejemplos similares.

No soy un excéntrico oponente de los medios y la tecnología moderna, pero esas experiencias me hacen reflexionarlo. Hablamos de competencia mediática, qué queremos transmitir a nuestros hijos. Pero la competencia mediática no se limita al manual de botones. Si creemos que tenemos la competencia mediática, al menos deberíamos considerar la regla 3-6-9-12:

  1. Los niños menores de 3 años no deben usar pantallas.

  2. Los niños menores de 6 años no deben usar consolas de juegos.

  3. Los niños menores de 9 años no deben tener su propio teléfono móvil o teléfono inteligente.

  4. Los niños menores de 12 años no deben tener acceso desatendido a la computadora, es decir, a internet.

Estas son solo condiciones generales, lograr la competencia mediática en los niños puede ser un proceso difícil, ya que significa crear conocimientos importantes e ideas sobre los niños que son aún más difíciles si no son relevantes para un compañero o para un hijo de los vecinos. Pero sobre eso y sobre la educación efectiva en medios más tarde, no debe ser el resultado de nuestra educación, tener robots en miniatura criados que puedan hacer frente a casi todos los desafíos técnicos, pero cuya vida del alma está miserablemente atrofiada. ¡Una educación buena y exitosa debe pretender por el equilibrio entre la tecnología y la vida del alma!

Hasta la próxima con “Educación mediática y quedarse sin habla”.

 

Die Balance zwischen Technik und Seelenleben

Frühstück in einem Hotel: Eine junge Familie kommt in den Speiseraum, Mama, Papa, zwei Kinder, geschätzt knapp zwei und drei Jahre alt. Der ältere Junge trottet seiner Familie hinterher, in der Hand ein Tablet. Er schaut nicht rechts und nicht links, aber immerhin findet er den Weg bis zu dem Tisch, an dem seine Eltern Platz nehmen. Der Tisch eignet sich bestens, um sein Tablet im Stand vor sich postieren zu können. Nach einer Weile servieren ihm seine Eltern einen Teller mit Frühstück, neben dem Tablet natürlich. Der Junge scheint einen spannenden „Gesprächspartner“ gefunden zu haben, denn er gibt aufgeregte, undefinierbare Laute von sich, sprachlich nicht zuzuordnen. Irgendwann schiebt ihm seine Mutter einen Löffel mit Essen in den Mund, was er eher mürrisch zur Kenntnis nimmt. Es scheint wohl besser, ihn bei seiner angeregten Beschäftigung nicht zu stören. Ich harre aus, denn irgendwie ist diese Situation für mich zu spannend. Was wird geschehen? Die Laute, die er von sich gibt, werden lauter und aufgeregter. Als die Eltern nach etwa einer halben Stunde den Frühstücksraum verlassen, trottet ihnen der Junge wieder in Begleitung seines leider unsichtbaren Begleiters hinterher. Er nimmt nicht wahr, was um ihn herum geschieht, vielleicht nimmt er letztendlich nicht einmal seine Eltern wahr. Nur ein Zufall? Doch wohl eher nicht, denn ich könnte von noch viele ähnliche Beispiele aufzählen. Ich bin wahrhaftig kein verschrobener Gegner der modernen Medien und Technologien, doch solche Erlebnisse stimmen mich nachdenklich. Wir sprechen von Medienkompetenz, die wir unseren Kindern vermitteln wollen. Doch beschränkt sich Medienkompetenz nicht auf die Bedienungsanleitung von Knöpfen. Wenn wir selbst Medienkompetenz aufzuweisen glauben, sollten wir zumindest die 3-6-9-12-Regel beachten: 1. Kinder unter 3 Jahren sollten keine Bildschirme nutzen. 2. Kinder unter 6 Jahren sollten keine Spielekonsolen nutzen. 3. Kinder unter 9 Jahren sollten kein eigenes Handy oder Smartphone besitzen. 4. Kinder unter 12 Jahren sollten keinen unbeaufsichtigten Zugang zum Computer sprich Internet haben! Dabei handelt es sich nur um Rahmenbedingungen! Medienkompetenz bei Kindern zu erreichen, kann ein schwieriger Prozess sein, denn er bedeutet, bei den Kindern wichtige Erkenntnisse und Einsichten zu erzeugen, die umso schwerer fallen, wenn sie beim Schulkameraden oder dem Nachbarskind keine Rolle spielen! Doch darüber und über eine effektive Medienerziehung später mehr. Es darf nicht das Ergebnis unserer Erziehung werden, Mini-Roboter gezüchtet zu haben, die zwar nahezu allen technischen Herausforderungen gewachsen sein werden, deren Seelenleben jedoch auch jämmerliche Weise verkümmert ist! Eine gute und erfolgreiche Erziehung muss die Balance zwischen Technik und Seelenleben anstreben!

Bis zum nächsten Mal und „Medienerziehung und Sprachlosigkeit!“

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