La cultura de conversación en la familia

Todos pueden presentar sus deseos sin comentarios en un límite del tiempo adecuado.

Hans Joachim Hepke

Recientemente fui invitado a ser parte de una conversación con el hijo mayor en una familia, para ser parte de la mediación. Antes me dijo que su hermano menor se había quedado “sin palabras”. Ambos padres y el hermano pequeño, de 14 años, me estaban esperando.

 El ambiente familiar muy ordenado y bien cuidado, me impresionó. A primera vista, todo parecía estar bien. Entonces ¿dónde se presentó el problema? La madre era una mujer muy armoniosa que se dedicó a su familia con amor y dedicación. El padre había creado un negocio floreciente con mucha diligencia y disciplina. Condiciones ideales para que los dos hijos tengan un buen futuro. El hijo mayor aprovechó las buenas condiciones, pero el hijo menor decidió retirarse y no dar más respuestas y explicaciones a las preguntas bien intencionadas pero molestas, especialmente del padre. 

El dominio del padre comenzó a aplastarlo. El hijo menor estaba “sin palabras”, la familia se había desconcertado. No era una situación extraordinaria pero, muy típica que había experimentado de manera similar en muchas familias antes. A menudo, la s conversaciones en las familias tienen poco en común. Falta de la cultura de la conversación, la estructura que necesita una conversación buena y constructiva, especialmente en la familia. Hablar el uno con el otro significa estar abiertos uno para el otro. 

Esto no solo significa que le dices algo al otro, o incluso que solo que das instrucciones y, a veces con buenas intenciones, consejos. Uno solo puede hablar de algo cuando sabe lo que la otra persona que está enfrente quiere comunicar o qué posición tomar, qué siente, qué está sucediendo dentro de el. Esto requiere escuchar primero en una buena conversación. La apertura a las ideas y deseos de los demás es esencial. Todos deben tomarse en serio al otro y ser conscientes de la importancia de sus intereses. Pude inspirar a muchas familias a celebrar conferencias familiares regulares.

 Para esta forma común de conversación, las ideas y los deseos se ingresan espontáneamente en un tablón de anuncios en una ubicación central del apartamento o casa con anticipación. En un día común, cuando todos tienen suficiente tiempo el uno para el otro, todos se sientan en la misma mesa. 

Todos pueden presentar sus deseos sin comentarios en un límite del tiempo adecuado. Después de eso, se buscarán soluciones juntas y se establecerán objetivos para la próxima conferencia familiar. Todos son importantes e iguales, cada deseo se toma en serio. En lugar de quedarnos “sin palabras”, debemos tomar conciencia de las crecientes habilidades lingüísticas y redescubrir la alegría de tener una conversación familiar juntos.

Hasta la próxima con “El equilibrio entre la tecnología y la vida del alma”.


Die Gesprächskultur in der Familie

Vor kurzem war ich auf Vermittlung des älteren Sohnes in eine Familie zum Gespräch eingeladen. Im Vorfeld erzählte er mir, dass sein jüngerer Bruder „sprachlos“ geworden sei. Beide Elternteile und der kleine Bruder, 14 Jahre alt, erwarteten mich. Die sehr geordnete und gepflegte familiäre Umgebung beeindruckte mich. Auf den ersten Blick schien doch alles bestens zu sein. Wo also drückten die Probleme? Die Mutter war eine sehr harmoniebedürftige Frau, die sich mit Hingabe und Liebe ihrer Familie widmete. Der Vater hatte sich mit viel Fleiß und Disziplin einen eigenen florierenden Betrieb aufgebaut. Beste Voraussetzungen also für die beiden Söhne, einer guten Zukunft entgegenzugehen. Der ältere Sohn nutzte die guten Voraussetzungen, doch der jüngere Sohn entschloss sich, sich zurückzuziehen und keine Antworten oder Erklärungen mehr auf die gut gemeinten, doch bohrenden Fragen, vor allem des Vaters zu geben. Die Dominanz des Vaters begann, ihn zu erdrücken. Der jüngere Sohn also war „sprachlos“, die Familie ratlos geworden. Es war keine außergewöhnliche, aber doch sehr typische Situation, die ich so schon in zahlreichen Familien vorher in ähnlicher Weise erlebt hatte. Gespräche, die in den Familien geführt werden, haben oftmals in Wirklichkeit nur wenig mit Gesprächen zu tun. Es fehlt die Gesprächskultur, die Struktur, die gute und konstruktive Gespräche besonders in der Familie benötigen. Miteinander sprechen heißt, offen sein füreinander. Dazu gehört nicht nur, dass man dem anderen etwas mitteilt, oder gar ihm nur Anweisungen und, sicherlich manchmal gut gemeinte, Ratschläge erteilt. Man kann erst dann über etwas sprechen, wenn man weiß, was der Gegenüber, der Andere mitteilen will, bzw. welchen Standpunkt er vertritt, was er fühlt, was in ihm vorgeht. Das erfordert, dass in guten Gesprächen an erster Stelle das Zuhören stehen muss. Offenheit für die Ideen und die Wünsche des Anderen ist unabdingbar. Jeder muss den Anderen ernst nehmen und sich der Bedeutung der Interessen des Anderen bewusst sein. Viele Familien konnte ich schon dafür begeistern, regelmäßige Familienkonferenzen durchzuführen. Für diese gemeinsame Gesprächsform werden bereits im Vorfeld spontan Ideen und Wünsche auf einer Pinnwand an einem zentralen Ort der Wohnung, des Hauses eingetragen. An einem gemeinsam festgelegten Tag, an dem alle ausreichend Zeit füreinander haben, sitzen alle an einem Tisch zusammen. Jeder kann in einem angemessenen Zeitlimit seine Anliegen unkommentiert vortragen. Danach werden gemeinsam Lösungen gesucht und Ziele bis zur nächsten Familienkonferenz festgelegt. Jeder ist wichtig und gleichberechtigt, jedes Anliegen wird ernst genommen. Statt „sprachlos“ zu werden, müssen wir uns der wachsenden Sprachkompetenz bewusst werden und die Freude am gemeinsamen Gespräch in der Familie neu entdecken.

Bis zum nächsten Mal und „Die Balance zwischen Technik und Seelenleben!

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