La ciencia como apertura

¿Cuántos mundos nuevos hemos descubierto, qué asuntos increíbles hemos llegado a explicar precisamente de manos de la ciencia?

Andrés Moya

No voy a negar que lo que aquí voy a escribir sea lo más parecido a un acto fe, a una creencia. Sostengo que la ciencia es nuestra más fiel aliada para enfrentarnos a las incertidumbres que rodean nuestra existencia. Y lo hago en buena medida por descarte sistemático de muchos otros aliados. Dicho de otra manera: si considero todas aquellas herramientas de que podemos valernos para dar sustento a nuestra existencia, creo que la ciencia gana la partida.

Dar sustento a nuestra existencia es mucho más que reconocer que sin la ciencia no nos encontraríamos donde ahora mismo estamos. Sin entrar en consideraciones sobre el uso racional de la ciencia y si el mismo ha alcanzado a la humanidad en su conjunto y a todo el planeta, lo cierto, por ir adelantando en mi argumento, es que la ciencia es objetiva y tiene, por definición, una dimensión racional de aplicabilidad. Pero esa dimensión, al igual que la contraria, la dimensión no racional, va más allá de ella misma. Son otros actores, ajenos a la ciencia, los que pueden llevarnos a confusión e interpretar que los usos no racionales de la ciencia son producto de la ciencia misma. No es el caso. Es por ello que defiendo que, de entre todas las actividades de nuestra especie, la ciencia sea probablemente la que mejor nos equipa, por su propia naturaleza, para dar sustento a nuestra existencia.

De nuevo, dar sustento a nuestra existencia es considerar que de manos de la ciencia estamos en situación para abordar mejor los inquietantes retos que de vez en cuando atisbamos: el crecimiento poblacional, los recursos para la supervivencia de la especie, el envejecimiento, el cambio climático, por citar algunos que podemos considerar genuinamente globales. No podemos sustraernos a ellos: hemos de afrontarlos y darles solución. Y ese ir de la mano de la ciencia que comento, querido lector, es el acto de fe, la creencia que aquí traigo a consideración para su reflexión.

Algunos pensadores, que no suelen ser científicos, vienen a decirnos que nuestra especie tiene límites al conocimiento y la comprensión del mundo que nos rodea, que como otras muchas especies tenemos limitaciones cognitivas que nos hacen imposible entender cosas tales como la naturaleza de la materia a la luz de la mecánica cuántica –que una partícula pueda estar en dos sitios a la vez, o que pueda surgir al azar del espacio vacío-, o entender cómo puede emerger la conciencia a partir del sustrato material del cerebro.

Si hago referencia a estos dos ejemplos, entre muchos otros cuya explicación o comprensión está lejos de tenerse, es porque pienso en el carácter infinito de la ciencia. En efecto, la ciencia es infinita en su apertura a la comprensión y la explicación. Pudiera pasar por un acto de fe esta afirmación que hago, pero disponemos de muchas evidencias a lo largo de la historia de la ciencia que nos pueden animar a sustentar la creencia en ella. ¿Cuántos mundos nuevos hemos descubierto, qué asuntos increíbles hemos llegado a explicar precisamente de manos de la ciencia? Adoptar la posición pesimista de que todo, nosotros incluidos, tenemos límites, a mi juicio constituye más acto de fe que la posición optimista de que la ciencia no los tiene y, por ende, tampoco nosotros. En efecto, si la ciencia es infinita en su capacidad para movernos hacia la comprensión y explicación de las leyes del Universo, nosotros vamos de su mano y, por lo tanto, nos hacemos seres abiertos al futuro.

Aunque pueda resultar un tanto paradójico ir de la mano de un producto tan genuinamente cambiante como el de la ciencia en las teorías que va desarrollando, lo cierto es que es nuestra mejor aliada para abrirnos al futuro. La paradoja viene del hecho de que frente a otros productos inamovibles en sus tesis a los que nos aferramos para darle sentido a nuestra existencia, la ciencia no lo es por definición, es móvil; en realidad tan móvil en su dinámica como lo somos nosotros. No te dice ella cómo pueda ser el futuro exactamente, ni te hace promesa alguna de salvación particular, pero te da a entender, por cómo nos ha ayudado hasta ahora, que nosotros estamos en él.

Puede gustarte

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.

Noticias Populares