Atlas de riesgos para mortales, primera parte: el rompecabezas

Por Michel Rosengaus

El riesgo es algo más complejo que el peligro (éste último también denominado amenaza). El peligro es aquél efecto natural o creado por el hombre, que nos puede afectar en nuestra seguridad o bienestar físico o económico. Peligros naturales son, por ejemplo: lluvias muy intensas, inundaciones, sismos, caída de ceniza por erupciones volcánicas, rayos, etc. Peligros creados por el hombre, por ejemplo, son: explosiones de gas licuado, nubes de gas cloro o amoniaco, incendios por cortos circuitos, etc. En general son conceptos que son independientes de nuestra vulnerabilidad a ellos o de que estemos o no estemos ahí. Por el contrario el riesgo es la posibilidad de que nos afecte alguna peligro que se presente en términos de nuestra sensibilidad a él (denominada vulnerabilidad) y de que estemos ahí para ser afectados (denominada nuestra exposición). Así pues el riesgo al que estamos expuestos no es solo función del peligro, sino también de nuestra vulnerabilidad y exposición a él. Aunque los peligros naturales existen, estrictamente los riesgos siempre tienen componentes creadas por el hombre, pues la vulnerabilidad y la exposición son, generalmente, construcciones sociales a lo largo del tiempo. Cuando un peligro coincide en tiempo y sitio con una alta exposición y/o vulnerabilidad al mismo, sobreviene un desastre. Al principio de esta serie, trataremos solamente sobre los peligros, es decir nos restringiremos a los Atlas de Peligros.

Los peligros típicamente tienen una cierta distribución sobre la superficie terrestre. Por ejemplo, la zona cercana al cráter de un volcán activo, tiene mayor peligro que las zonas más alejadas al mismo. La inundaciones fluviales sobrevienen al sobresaturarse la capacidad de drenaje de un cierto cauce y desbordarse hacia sus llanuras de inundación, por lo que a mayor cercanía al eje del cauce, mayor será el peligro de inundación al que estaremos expuestos. Los peligros de los huracanes, por ser tormentas marinas, se concentran más a lo largo de las costas. Es ésta distribución geográfica del peligro la que se intenta plasmar en los Atlas de Peligros, de tal manera que podamos juzgar a cuáles peligros y a qué magnitud de dicho peligro estaremos sujetos en nuestro domicilio, lugar de trabajo, escuela, etc. con el simple hecho de poderlo ubicar sobre el mapa correspondiente del Atlas. Aunque en nuestra idiosincrasia somos muy dados a crear intervalos subjetivos de peligro, como catastrófico, alto, medio, bajo, en realidad estos mapas de peligro deben ser cuantitativos. Por ejemplo, en el caso de inundación, resultará muy diferente el peligro producido por un tirante de 20 cm de profundidad, que el peligro producido por un tirante de 2.00 m de profundidad. Al encontrar estas categorías conceptuales (como catastrófico, alto, medio o bajo) debemos estar conscientes cuáles son los límites cuantitativos del peligro que definen dichas categorías. De otra forma el Atlas de Peligros nos serviría únicamente para saber si estamos en mayor o menor peligro que alguna otra persona que conozcamos, no sabríamos cuál es la magnitud de peligro, y por lo tanto nuestras decisiones para mitigarlo podrían no resultar las correctas.

Hemos dividido a nuestro país en estados, y a su vez éstos en municipios, no solo geográficamente, sino también en cuanto a responsabilidades por la seguridad de sus habitantes. En teoría, si cada uno de nuestros,  alrededor de,  2,400 municipios tuvieran un Atlas de Peligros Municipal completo, la simple superposición de aquellos dentro de un cierto estado, sería ya un Atlas de Peligros Estatal y, a su vez, la simple superposición de éstos últimos sería ya un Atlas de Peligros Nacional. La cosa no resulta tan sencilla, ya que las fuentes de peligro para un cierto municipio no se restringen al área de dicho municipio. Por ejemplo, el cauce de un río que se puede desbordar en el municipio X, suele tener cientos de kilómetros aguas arriba de dicho municipio y tener una cuenca que rebasa por mucho la extensión de dicho municipio, inclusive rebasando el estado al que corresponde dicho municipio. Es por ello que este rompecabezas no se arma solo de abajo para arriba (MunicipioEstadoNación), sino en ambas direcciones y considerando diversas segmentaciones geográficas (como en nuestro ejemplo, las cuencas). También es necesario mantener un cierto grado de congruencia entre la información y métodos utilizados en los diversos municipios y entidades federativas, para poder mantener continuidad en sus fronteras. Ésta titánica labor es una de las tareas del CENAPRED. En la próxima emisión continuaremos.

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