¡Cuando las expectativas se convierten en un desastre!

Por Hans Joachim Hepke

Una joven pareja espera gemelos en los próximos días. Son sus primeros hijos, la alegría previa y excitación son grandes, porque ambos padres son absolutamente inexpertos en el tema de educación de niños. Hoy me preguntó en la consulta de familia el futuro padre sobre la educación, ya que podría encontrar un consenso en términos de educación con su pareja. Temía que la discusión pudiera conducir a nuevas tensiones. Pero después de todo, tendrían que fijar juntos el camino para el futuro de sus dos hijos (aún no nacidos). Por supuesto, esperaba un remedio patentado de mi parte. Se sorprendió aún más cuando, después de un breve respiro, le expliqué que los niños deben nacer primero. Porque entonces era importante llevarse bien primero con la nueva situación, si en lugar de dos, cuatro personas pertenecían a la familia. ¡Dos recién nacidos, pequeños y frágiles. Sin embargo, dos personas como mamá y papá ¡deben conocer con entusiasmo a dos pequeñas personalidades! Continué diciendo que lo que importa es que los niños, con sus disposiciones y habilidades (y no los adultos) deben decidir qué quieren, cuál es su vida, su futuro. Estaba sorprendido, porque esperaba más discusión sobre los objetivos educativos y los métodos de educación, pero en cambio le pedí que manipulara a sus hijos, ni siquiera antes de que nacieran. El entusiasmo de principio por nuestros hijos, el entusiasmo exuberante que inducen muchos padres que literalmente viven la vida de sus hijos en lugar de dejar que los niños vivan y se desarrollen. “Quiero construir contigo una cometa, quiero construir una cometa contigo ¡nunca tienes tiempo para tal cosa!”, respondió un niño a su padre, dueño de una fábrica, cuando le explicó lo que algún día le dejaría a su hijo…..”porque una cometa comprada solo vuela hasta la mitad!”, (Letras, Udo Jürgens). Los padres buenos y responsables quieren conocer a sus hijos, quieren descubrir qué hay latente en sus hijos, quieren promoverlos, apoyan a los niños en su impulso de conocimiento y de investigación. Los buenos padres acompañan a sus hijos en su camino hacia la vida, invisibles, pero siempre cercanos, cuidadosos con fuerza y firmeza. Les dan coraje y disfrutan a sus hijos en lugar de criticarlos constantemente y querer saber todo mejor. Les perdonan los errores, porque solo aquellos que cometen errores pueden aprender de ellos. Los buenos padres no manipulan y pueden poner sus propios deseos, esperanzas y sueños en el fondo. ¡Ningún niño debe convertirse en médico, solo porque es una tradición familiar! ¡Porque los buenos padres quieren, que sus hijos sean independientes, libres y felices!

Hasta la próxima y “¡Dónde, cuándo y qué deben aprender los niños!”

 

Wenn Erwartungen zum Desaster werden

Ein junges Ehepaar erwartet in den nächsten Tagen Zwillinge. Es sind ihre ersten Kinder, die Vorfreude und die Aufregung sind groß. Da beide Eltern absolut unerfahren in Sachen Erziehung von Kindern sind, fragte mich heute in der Familienberatung der angehende Vater, wie er denn einen Konsens mit seiner Partnerin in Sachen Erziehung finden könne. Er habe Angst, dass die Diskussion darüber zu neuen Spannungen führen könne. Doch schließlich müssten sie doch gemeinsam den Weg für die Zukunft ihrer (noch ungeborenen) beiden Kinder festlegen. Er erwartete natürlich weitgehend ein Patentrezept von mir. Umso mehr war er überrascht, als ich ihm nach einer kurzen Atempause erklärte, dass die Kinder wohl erst einmal geboren sein sollten. Denn dann gelte es, zunächst mit der neuen Situation klar zu kommen, wenn statt zwei vier Personen zur Familie gehörten. Zwei Neugeborene, klein und zerbrechlich und doch zwei Menschen wie Mama und Papa, zwei kleine Persönlichkeiten, die es mit Neugier und Spannung kennen zu lernen gelte! Ich fuhr fort, dass es darauf ankomme, dass die Kinder mit ihren Veranlagungen und ihren Fähigkeiten, nicht aber die Erwachsenen, entscheiden dürften, was sie wollten, wie ihr Leben, ihre Zukunft aussehen sollte. Er war überrascht, denn gerade von mir hatte er sich schon eher eine Diskussion über Erziehungsziele und Erziehungsmethoden erwartet, stattdessen bat ich ihn, seine Kinder, nicht schon bevor sie überhaupt geboren wurden, manipulieren zu wollen. Die grundsätzliche Begeisterung für unsere Kinder, der überschwängliche Enthusiasmus verleiten viele Eltern, buchstäblich selbst das Leben ihrer Kinder zu leben, statt die Kinder leben und sich entfalten zu lassen. „Ich will mit dir einen Drachen bauen, mit dir einen Drachen bauen, für so etwas hast du niemals Zeit“, antwortete ein kleiner Junge seinem Vater, einem Fabrikbesitzer, als der erklärte, was er eines Tages alles seinem Sohn hinterlassen werde,… „denn ein gekaufter Drachen fliegt nur halb so weit!“ (Liedtext, Udo Jürgens) Gute und verantwortungsvolle Eltern wollen ihre Kinder kennen lernen, sie wollen entdecken, was in ihren Kindern schlummert, sie wollen sie fördern, sie unterstützen die Kinder in ihrem Wissens- und Forschungsdrang. Gute Eltern begleiten ihre Kinder auf dem Weg in das Leben, unsichtbar, aber immer nah, behutsam und doch mit Stärke und Entschlossenheit. Sie machen ihnen Mut und freuen sich an ihren Kindern, statt sie permanent zu kritisieren und alles besser wissen zu wollen. Sie verzeihen ihnen Fehler, denn nur wer Fehler macht, kann daraus lernen. Gute Eltern manipulieren nicht und können ihre eigenen Wünsche, Hoffnungen und Träume in den Hintergrund stellen. Kein Kind muss Arzt werden, nur weil es Familientradition ist! Denn gute Eltern wollen, dass ihre Kinder unabhängig, frei  und vor allem glücklich sind!

Bis zum nächsten Mal und „Wo, wann und was Kinder lernen sollten!“

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