Vivir más, pero vivir bien

Por Andrés Moya

A nivel mundial tanto la esperanza de vida (el número de años que se espera que viva una persona) como la expectativa de vida sana (el número de años que se espera que viva una persona sin padecer enfermedades o discapacidades) han aumentado considerablemente entre 2000 y 2016. La esperanza de vida lo ha hecho de los 66.5 a los 72 años y la expectativa de vida sana de 58.5 a 63.3 años. Si tomamos en cuenta el crecimiento de la población mundial durante ese intervalo de años, no deja de ser sorprendente el incremento en ambos tipos de parámetros. No obstante, nótese también la interesante diferencia entre ambas medidas, dado que en la primera hemos incrementado 5.5 años nuestra esperanza de vida, pero 4.8 la de vivir sin serios problemas de enfermedad. Y es que, querido lector, aunque solo sea en relación con la salud, que no es poco, vivir más no es lo mismo que vivir bien.

Este asunto hemos de tenerlo en mucha consideración cuando se comenta que la vida media de las personas se va alargando con el desarrollo de la civilización humana, porque también hay que examinar cómo va esa otra medida que nos indica la expectativa de vida sana. También hemos de ser muy cautos, ya que hablo de civilización humana, las cifras que he indicado son obtenidas promediando de entre las personas que viven a lo largo y ancho de nuestro mundo tan desigual. Los países más pobres y menos desarrollados tienen ambas esperanzas bien por debajo de la de los países prósperos y bien desarrollados. Mucho nos queda por recorrer para lograr que esas diferencias desaparezcan. Tendré ocasión de reflexionar sobre este asunto en otro momento. Vayamos ahora, al primero: vivir más, de acuerdo, pero en todo caso vivir bien.

Sirva esta última frase como reclamo de atención a la Gerociencia, una nueva rama de la ciencia donde se encuentran, por un lado, científicos de la biomedicina que persiguen la comprensión básica de los mecanismos moleculares y celulares que expliquen el envejecimiento y por otro los geriatras, que buscan mejorar la calidad de vida de las personas mayores. La Gerociencia intenta comprender la estrecha relación existente entre el envejecimiento y las enfermedades crónicas asociadas a la edad avanzada. Dado que la vejez representa el mayor factor de riesgo para la inmensa mayoría de las enfermedades crónicas, se ha postulado la “hipótesis de la gerociencia”, según la cual los mecanismos básicos del envejecimiento juegan un papel importante en la mayor susceptibilidad de los individuos de edad avanzada a múltiples enfermedades crónicas. El gran defensor de esta nueva disciplina y proponente principal de la hipótesis referida es el Dr Felipe Sierra, Director de la División de la Biología de la Edad del “National Institute on Aging, National Institute of Health” en Estados Unidos.

La comprensión de tales mecanismos podría ser determinante para curar, limitar, o al menos posponer la aparición y/o severidad de múltiples enfermedades crónicas. Si nos atenemos a esto y llegamos a comprender esos mecanismos, tendremos en nuestras manos la opción de intervenir con antelación suficiente para, en última instancia, poder lograr una mayor esperanza de vida sana, de vida sin afectación por enfermedades crónicas y discapacidades asociadas a ellas.

Vivir más y vivir bien podríamos combinarlas en una sola expresión: vivir con bienestar. Más de uno podría sostener que le es indiferente vivir más si lo que vive lo vive bien. Pero bajo el paraguas “vivir con bienestar” podríamos entrar todos, aquellos a los que les resulta indiferente su longevidad, como a los que no les resulte. En todo caso, como digo, vivir con bienestar. Para Ortega y Gasset ese era un distintivo de nuestra especie frente a la vida animal. No se trata de vivir solamente, que es sobrevivir, sino vivir bien durante toda nuestra vida. Pero vivir bien, también es cierto, es más que vivir saludablemente, aunque esto no sea poco. Quien se acerque a la senilidad o ya está instalado en ella sabe lo importante que es disponer de una buena salud para encarar los años finales de la vida en bienestar.

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