Acoso Callejero

Por Paola Gris

En esta columna me gustaría tratar un tema que muchas sufrimos, pero pocxs hablan: el acoso callejero. Conocido de muchas maneras, “piropos” (por decir la más sútil), albures de banqueta, acoso sexual, agresión verbal (y a veces física) contra la mujer, “acoso callejero”, hay muchas maneras de nombrarlo. Pero, sin importar cuantos nombres puede haber para describirlo ninguno se exonera de las prácticas violentas y machistas que representa agredir a una mujer en la calle con miradas, frases y roces.

De acuerdo a la encuestadora Win-Gallup y la empresa consultora Brain, resulta triste saber que México es el primer lugar de acoso sexual contra las mujeres. Otro dato importante del estudio: las mujeres de clase social más baja y más jóvenes son las que sufren más la violencia y el acoso. México es el país más agresivo y sangriento en Latinoamérica contra las mujeres y no se les respeta en la calle, en su casa, en el transporte público, ni en el trabajo.

El acoso callejero es una acción con contenido sexual que realizan extraños y personas no conocidas en espacios públicos, tanto en el día como la noche, no hay horario para ello. Es un acto unidireccional realizado sin la aprobación de la víctima y en la cual el acosador, cual cobarde, se rehusa a generar una conversación.

Tampoco conoce la edad, en cuanto una niña se empieza a desarrollar o muestre un poco de piel sufrirá lo que muchas mujeres viven a diario en un país que trata de cosificarnos y hacernos creer que un cuerpo lleno de curvas y redondo es la mayor aspiración. ¿Por qué? ¿Para quién? Desde los 12 años (o menos) las menores enfrentan y tienen que asimilar esta miserable realidad, esto les puede ocasionar traumas sociales que modifiquen su conducta (al igual que cualquier mujer de la edad que sea) y estrés emocional en las víctimas. No es necesario tener prendas cortas, incluso puedes estar completamente tapada del cuerpo, sin mostrar una curva o línea femenina y eso no los detendrá. Todo ser humano tiene el derecho de transitar seguro y en paz por las calles, el problema es que esta problemática es tan ignorada y está tan normalizada en nuestra sociedad que nadie se detiene a pensar como atenta contra la seguridad física de la víctima. Incluso los cambios que va a realizar en su manera de vivir para intentar evitar o disminuir estos actos, para después estresarse y caer en cuenta que no importa como te vistas, dónde te muevas, la hora o el día que sea, el acoso callejero siempre está ahí, a la vuelta de la esquina.

El más común son los pitazos y silbidos, el siguiente le corresponde a comentarios sexistas y de la apariencia de las mujeres y en menor escala (pero igual preocupante) son gestos sexuales explícitos acompañados de palabras denigrantes y obscenas.

Entre las acciones más practicadas se encuentran: miradas, silbidos, “piropos” (que suelen ser de pésimo gusto), jadeos, besos, pitazos, comentarios alusivos o directos al cuerpo de la mujer, fotografías y grabaciones del cuerpo de la mujer, tocarlas, masturbaciones y exhibicionismos enfrente de ella, persecución y arrinconamiento.

Son acciones y actitudes que no lograran nada, nunca una mujer se regresará a preguntarle su número o se interesaría en una persona que agrede su dignidad y tranquilidad mientras transita en la calle. ¿Acaso no tienen un poco de materia gris para darse cuenta que nunca va a funcionar? ¿Les infla durante pocos segundo su decrépita virilidad? ¿Acaso nunca se molestaron que las mismas prácticas de acoso fueran realizadas en sus madres, hermanas, primas?

Esta problemática social deja al descubierto el poder que tienen los hombres en la calle y que “deben” exclamar (cuál animales) o dejar en claro cuándo una mujer les resulta atractiva, acostumbrados a que nunca digamos nada, sin confrontación, sin reproches, tragarnos toda la basura que tengan para decirnos. Como ya se mencionó, el acoso verbal es el más común, pero aun así el “manoseo” es una práctica frecuentemente realizada en el transporte público.

Hay muchas razones que aporta la psicología para dictaminar porque los hombres degradan e insultan a las mujeres; ya sea por su educación y la forma en que su entorno idealiza y convive con las mujeres (puede que sus círculos cercanos las mujeres sean maltratadas y estas lo toleran lo cual le haría pensar que todas pueden ser tratadas de la misma manera), sus traumas y represiones también son un factor de peso ya que es muy probable que el susodicho sea un perdedor y rechazado por otras mujeres y lo realice por la imposibilidad de estar con una mujer.

Una mujer al sentirse tan vulnerable y maltratada comenzará a cuestionar su vestimenta, como camina, por dónde pasa, ¿Les resultaría normal a los hombres vivir con la angustia y el miedo de salir a la calle?

Hay muchos vídeos en internet que exponen la cotidianidad y frecuencia a la que nos enfrentamos las mujeres a semejantes actos. Cifras de la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana han dado a conocer que si ha aumentado la violencia contra las mujeres en los últimos cuatro años, se han registrados 105% más de feminicidios respecto del 2015 al 2018. Lo cual nos permite suponer que los números no han mejorado y seguramente, empeorado.

Es hasta este año que el acoso sexual se castigará en la Ciudad de México, la jefa de gobierno, Claudia Sheinbaum declaró que la persona que diga “piropos”, genere chiflidos y demás acciones serán sancionados con la Ley de Cultura Cívica que entró en vigor el pasado 8 de junio. El castigo puede ser de 26 a 36 horas de arresto o 18 horas de trabajo comunitario. Ya no se puede callar más la desigualdad que existe entre ambos géneros en nuestro país, la sociedad ha normalizado que los hombres tengan el “poder” de gritarnos y agredirnos en las calles, creyendo que tienen el control sobre nuestro cuerpo creyendo que son “halagos”, “palabras inofensivas”, “no hay porque alterarse”, es violencia, violencia machista.

¿Y cómo no enojarnos cuando eyaculan sobre nosotras en pleno vagón del metro? El pasado 12 de septiembre en la estación Candelaria, un anciano identificado como Nabor “N” eyaculó sobre una jovencita culminando así la masturbación que se profería mientras le rozaba la pierna, mismo que fue detenido y llevado a la Procuraduría General de Justicia, contaba con 68 años de edad. Las mujeres tampoco se salvan cuando son detenidas o registradas por parte de las fuerzas de seguridad, siendo habitual y cotidiano las violaciones sexuales, introducción de objetos al cuerpo, transgresiones a los derechos humanos, manoseos y torturas. Según el informe Sobrevivir a la muerte de Amnistía Internacional (AI) México, 33% de las encuestadas afirmaron haber sido violadas en su detención principalmente por la Marina, policías estatales y municipales. Por parte de las que fueron detenidas por la marina 80 mujeres denunciaron violación sexual, 13 violación anal con objetos, 60% (violación) por parte de agentes municipales, 50% por la policía estatal y 50% por el ejército.

También hubo 24 casos donde se les introducía por la fuerza un objeto y en ocho de ellos fue el pene. Y por si fuera poco 72% de las entrevistadas sufrió manoseos en sus pechos y genitales y el 91% fue amenazada. No hay manera de callar los niveles de violencia que vivimos las mujeres en este país, a palabras de Tania Reneaum, directora de AI México y con los datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, una mujer es asesinada en México cada dos horas y media.

La verdad yo siempre respondo cuando desafortunadamente lo vivo en las calles, no es necesario insultarlos o devolver la violencia con violencia, pero sí les podemos poner un alto o dejar en claro lo ineptos y soeces que se ven haciendo esas cosas. Me atacan, reaccionó inmediato, llevo haciéndolo desde que entré a la universidad y aunque en un inicio mis amigas o gente cercana me veía raro o me decían que parara, les explicaba la necesidad que tenemos de defendernos y que se queden con un mal sabor de boca. Lo hice en varios países y en México son los más cobardes, en España y Francia se lanzaron contra los golpes hacia mí por responder a sus groserías. En México no hacen nada más que bajar la mirada y reír.

“No quiero tu piropo, quiero tu respeto”, ya no somos indefensas, ya no estamos solas, nos tenemos la una a la otra para ayudarnos y defendernos, porque si esto no para por nosotras, nadie lo hará. Si nosotras no exigimos respeto, nadie se detendrá a preguntar si lo queremos, y no, no lo queremos, LO MERECEMOS.

Paola Gris estudió la carrera de Comunicación y Periodismo en la Universidad Autónoma de Querétaro. Realizó una especialidad en Desarrollo de Mercadotecnia para Campañas Internacionales en la universidad INSEEC Sup de Pub en Francia. Actualmente es propietaria de la agencia de publicidad Black Mambo en donde se dedica al desarrollo creativo y visual.

femenismxparatodxs@gmail.com

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