Ritos funerarios en el catolicismo

Por Rosario Sarmiento

Los seres humanos necesitamos rituales, ceremonias y tradiciones, seamos religiosos o no. A través de la historia de la humanidad identificamos constantemente en diferentes tiempos y culturas a estos rituales. Estamos hechos de tradiciones y costumbres y una de las más importantes es la que se refiere a lo que hacemos por las personas muertas que formaron parte de nuestras vidas.

En la religión católica existen costumbres generales para despedir a los muertos, de hecho, existe una guía realizada por la misma iglesia para saber qué se debe hacer en los funerales de nuestros seres queridos. Aunque existen diferencias, más de forma que de fondo, los católicos creen en lo siguiente: Jesucristo resucitó en cuerpo y alma como vencedor del pecado y la muerte. El triunfo de Cristo sobre la muerte, manifiesta que todos los que vivan en la fe y el amor lograrán resucitar a la vida eterna con Él.

Con esta promesa de Cristo, la muerte, se convierte en una fe de esperanza en la bienaventuranza. El temor para morir tiene ya poca importancia porque sabemos, por fe, que nadie muere, simplemente es un tránsito que conduce a una vida mejor. Sabemos que vamos a morir, pero no el día y la hora, por eso la iglesia católica tiene un ritual de preparación previa para los enfermos terminales o persona de edad avanzada, o simplemente porque se está enfermo; cuyo nombre es la unción de los enfermos. Este forma parte de los siete sacramentos del catolicismo, en esta ceremonia se ora por la salud del cuerpo y el alma. El sacerdote unge con óleo sagrado a la persona, así le concede una gracia especial para fortalecerla y reconfortarla en su enfermedad. Muchas veces este rito se acompaña de otros sacramentos como son la reconciliación y la eucaristía.

Los sacramentos son considerados como signos sensibles y eficaces de la Gracia de Dios, mediante ellos nos acercamos a Dios. En el catolicismo son siete y van desde el bautismo hasta la unción de los enfermos, desde nacer hasta morir. Mediante la reconciliación se obtiene el perdón de los pecados y con la santa Comunión se da la oportunidad al enfermo de estar preparado para el viaje hacia la otra vida. Cuando la persona está a punto de fallecer o acaba de expirar, el sacerdote, diácono o los mismos familiares oran, encomendando a Dios a la persona que acaba de fallecer. Los funerales católicos tienen tres partes: la vela, la misa exequial y el sepelio.

En la primera parte se realiza el velatorio del cuerpo muerto que comúnmente llevará entre 12 y 24 horas, puede ser en la casa de la familia o en una funeraria. Ahí, los amigos y visitantes ofrecen sus condolencias a la familia. Se acostumbra a rezar el rosario o tener una misa de cuerpo presente para orar por la entrada de esa persona muerta a la otra vida. Se pueden llevar flores, generalmente de color blanco, cantar algunos himnos religiosos, poner sobre el ataúd las fotos de la persona que murió y “acompañar al difunto en esa velada”. Los dolientes reciben consuelo y apoyo en ese difícil momento. Se suele hablar sobre la vida de la persona, anécdotas que se vivieron con ella y también se expresa cómo vivió sus últimos momentos. Se medita sobre lo breve de la vida, se habla de lo que pasará, de ahora en adelante, con los que quedaron en vida. En fin, es momento de consolar, apoyar y rezar porque la persona muerta pueda llegar a Dios.

Durante la vela o posteriormente se realizará la misa exequial (ex-sequia significa acompañar); se hace con el cuerpo presente, ahí el sacerdote despide al fallecido y lo encomienda a la bondad de Dios. Los católicos piensan que el cuerpo es sagrado, es el templo del Espíritu Santo y al final será también resucitado por Cristo. Por eso es necesario sepultarlo y encomendarle a la tierra su depósito mientras llega la resurrección. La Iglesia católica también acepta la incineración del difunto y posteriormente sus cenizas podrán ser depositadas en nichos especiales dentro del cementerio o la iglesia; se puede llevar a cabo una misa posterior a la incineración con las cenizas del cuerpo muerto.

Posteriormente, la familia puede notificar a los conocidos que se llevarán a cabo rosarios o misas para el difunto que duran nueve días. En este novenario se pide por intersección de la Virgen María que el difunto pueda gozar de la vida eterna con Cristo.

Algunas personas realizan ceremonias posteriores, como celebrar misa pasado un año, recordando el día en que murió su ser querido.

Rosario Sarmiento es Licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios de la Maestría en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana y la Maestría en Educación por la Universidad Marista. Desde hace más de 30 años ha impartido la materia de Ideas Políticas y Sociales y Problemas de la Civilización Contemporánea en el ITAM. Asimismo ha sido catedrática de antropología Filosófica en la Universidad Iberoamericana y de Psicología Filosófico en el Instituto ELEIA y en la Universidad de las Américas.

rosario_sarmiento@yahoo.com

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