Despertares inertes

Por: Miguel Angel Maciel González

Los días se convierten en fríos, mareas congeladas por alientos indiferentes, no es el invierno de temporada, más bien vivimos en una época glacial. Una era dónde todo es posible, menos el respeto, la calidez y/o la honra. Se hace caravana con sombrero ajeno o el cinismo se eleva a una forma de vida. Veamos.

Escena 1:

En Singapur, una mujer le corta las patas a un perro y luego le quema los ojos con un cigarrillo, todo queda grabado en video; algunos mozos del buen dirán: “vea estas impactantes imágenes”. De ahí se pasa a mirar lo indecible y muy probablemente se comparte. Es decir, un acto humano que puede generar dolor, se metamorfosea y se une a la gran lista de eventos que pasan de dispositivo en dispositivo y de una persona a otra. Imágenes que confluyen con anuncios de moda, con series o películas o con sugerencias para el buen comer. El hilo de la vida se abandona; el de los animales, el de los mismos hombres.

Escena 2:

Entre tantos medios; ADN 40, informa: “Violan a anciana de 70 años en Iztapalapa”. Las pesquisas continúan; después del holocausto o “zona cero” de una ciudad que se desconoce a sí misma; la “noticia”, se vuelve muda no se sabe, el silencio se retuerce como víbora esperando la siguiente presa, mientras dormimos y nos despertamos con las dudas sobre los fundamentos de nuestra existencia, acerca del sentido de la vida humana. Al mismo tiempo, el canal de televisión anuncia: La noticia continúa, mantenla encendida. ¡Descarga nuestra app!. Lo más relevante, no es el llanto, la rabia, la pérdida, la ausencia de un ser querido, sino seguir devorando la existencia, a través de estar “bien informado”.

Escena 3:

“Quiero que México esté aquí”; decía más o menos una niña pintando no sólo en un taller, sino también dibujando esperanzas. Estas respuestas salen de los labios inocentes y visionarios de una menor a pregunta expresa de un estudiante de comunicación. ¿El propósito? Hacer una exposición sobre el futuro de la humanidad. ¿La reflexión? Evaporada, los jóvenes en cuestión, no pudieron descifrar los brazos alzados e imaginación de la menor. Sólo respondían a la tormenta de preguntas que se les hicieron con un titubeante: “No sé”. Mientras la ignorancia rapaz de otro integrante decapitaba con discurso demoledor: “el arte moderno no tiene una base”. Hubiera sido bueno que entre niebla espesa, pinceles y un lienzo apareciera Salvador Dalí, tomado un diluyente y borrara esa comedia malsana que se han convertido las aulas.

¿Qué pasa? Con estas maniobras puntuales de la cotidianidad. Los menos preocupados o comprometidos con su historia dirán: “son cosas que pasan” o “quizá ya ocurrían, pero usted ni se enteraba”. No obstabte para quienes nos ocupa y preocupa el porvenir de la cultura; observamos síntomas prepcupantes, que como ya se dijo en un texto anterior, tienen que ver con la “sensibilidad”, la capacidad de percibir las entrañas de lo que ocurre todos los días y, según sea el caso; reir, llorar, sorprenderse, desgarrarse, aburrirse, exitarse, en fin; mantener una energía encendida.

Pero…, es el tiempo de las calderas apagadas y el corazón clausurado. Cerradas los talleres de la potencia y el vigor, reinan las fábricas de la abstinencia a la alegría, el empuje y la algarabia. Por ello y sin dar recetas, sólo conjeturas; el refugio es siempre bailar todas las noches con mi hija Luna, mientras esperamos que la sorpresa y la sonrisa, lleguen a tocar algún día las puertas de nuestra aturdida demencia.

 

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