Migrantes desaparecidos

Por Mónica Romero 

México le llora a sus desaparecidos, al menos 40 mil según cifras oficiales, pero esas lágrimas se extienden y rebasan fronteras. Alcanzan a países como Honduras, El Salvador y Guatemala cuyos habitantes tienen que cruzar territorio mexicano en su travesía para llegar a Estados Unidos.

Se trata de miles de centroamericanos, cubanos y hasta africanos que caminan por tierras en las que ni los mexicanos se sienten seguros. Son personas que huyen de la violencia en sus países de origen, pero que ahora se enfrentan a una experiencia aterradora, en la que algunos pierden la vida, quedan mutilados o simplemente desaparecen.

A finales de 2016, la Red de Documentación de las Organizaciones Defensoras de Migrantes registró los casos de 30 mil migrantes desaparecidos. En 2018 el Movimiento Migrante Centroamericano hablaba de 70 mil desaparecidos, pero la cifra aún es imprecisa y nadie conoce el número exacto de extranjeros a los que se les ha perdido el contacto en nuestro país.

Alden Rivera, embajador de Honduras en México informó al Ángel Metropolitano que nada más en lo que va de este 2019 se han recibido 250 denuncias formales de igual número de hondureños desaparecidos en territorio mexicano, de los cuales 50 siguen sin dejar rastro y no se sabe nada de ellos. El resto fueron localizados en albergues, hospitales o han logrado cruzar la frontera norte. “Es un tema que estamos tratando con México desde hace varios años, tenemos al menos cuatro años tratando de tener una agenda común en el tema de personas desaparecidas, fuimos y acompañamos al gobierno en la creación de una nueva ley que no solamente cumple con la expectativa de localizar personas mexicanas en su país, sino también de encontrar a ciudadanos de diferentes nacionalidades, pues es un problema que tenemos que enfrentar día a día, pero lo hacemos en conjunto con México”, explicó.

De acuerdo a activistas como Rubén Figueroa, integrante del Movimiento Migrante Mesoamericano, las desapariciones de migrantes no cesan y han aumentado considerablemente. La razón es porque ahora utilizan rutas más peligrosas para evitar ser detenidos por los agentes del Instituto Nacional de Migración o por la Guardia Nacional. “En la última década los ataques a los migrantes se han vuelto más violentos, el entorno en sí es más agresivo y es más difícil dar con los centroamericanos desaparecidos. Además, a ninguna autoridad le preocupa, las familias no pueden dar un adecuado seguimiento de búsqueda en sus países y aquí tampoco se les dan las facilidades. A parte de todo eso, el crimen organizado utiliza la impunidad a su favor”. En ese sentido, el embajador de Honduras, Alden Rivera dijo que se investiga la posible participación de las bandas del crimen organizado en el secuestro de migrantes. “Tenemos un equipo de trabajo de seguridad de alto nivel con México, en el que también participan El Salvador, Guatemala y Honduras que se encarga de esos temas, el cual nos ha solicitado que eso se trate con toda la precaución y prudencia para evitar que se entorpezcan los procesos de investigación”, añadió.

El pasado 7 de marzo un comando armado asaltó un autobús de pasajeros en una carretera cercana a San Fernando, Tamaulipas y se llevó a 19 personas, todas migrantes. Tras ese hecho, el propio subsecretario de Derechos Humanos, Migración y Población, Alejandro Encinas, reconoció que no era el único secuestro de migrantes y que unas semanas antes, el 21 de febrero en la carretera Monterrey-Ciudad de México, otros dos autobuses fueron interceptados por criminales que se llevaron a otros 25 migrantes. En total fueron 44 migrantes desaparecidos que al cierre de esta edición no han sido localizados.

Irineo Mujica, director de la Organización Pueblos sin Fronteras afirmó que los centroamericanos son secuestrados de autobuses, del tren conocido como la Bestia y ahora incluso de los albergues en los que se refugian. “Algunos de ellos aparecen muertos, pero como nadie los reconoce o los reclama pasan días y van a dar a fosas comunes, es tanta la gente que viene en las caravanas y desaparece y como no hay una demanda, no hay acceso a la justicia”, señaló. Aún con este panorama, el problema solo es noticia cuando la brutalidad queda grabada o expuesta como fue el caso de la masacre de 72 migrantes en San Fernando, Tamaulipas. Donde los 72 ejecutados, 58 hombres y 14 mujeres de Centro y Sudamérica, fueron asesinados por la espalda, apilados y puestos a la intemperie. Las primeras investigaciones señalan que fueron asesinados porque luego de ser secuestrados, no pagaron el dinero que les exigían para dejarlos libres y también se negaron a formar parte del grupo criminal.

Desde que salen de sus lugares de origen, los migrantes saben que múltiples violencias y violaciones a derechos humanos acompañarán su camino, aun así, lo intentan porque su situación es desesperada.

Andrea González investigadora del Colegio de Estudios Latinoamericanos de la UNAM concluyó en entrevista para Ángel Metropolitano que ante esto quedan varias preguntas sin resolver: ¿por qué la voz de las personas migrantes y defensoras de derechos humanos no son escuchadas cuando siguen denunciando el secuestro cómo una constante? ¿Dónde están las 44 personas desaparecidas en febrero y marzo de este año, detenidas por organizaciones criminales? ¿Qué está haciendo el gobierno federal para encontrar al pastor Aarón Méndez, director del Albergue AMAR en Nuevo Laredo, Tamaulipas que fue secuestrado por defender a un grupo de personas migrantes que iban a ser “levantadas”?

Definitivamente, la respuesta no puede limitarse a abrir carpetas de investigación.

Mónica Romero es periodista mexicana, realizadora de investigaciones especiales. Es ganadora del Premio Nacional de Locutores de México y del Premio Nacional Micrófono de Oro, ambos en 2012. También obtuvo del Premio Nacional de Comunicación José Pagés Llergo edición 2015.

@monicaromero20

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