Ciencia y filosofía moderna: destino posible en la era de la comunicación virtual

El destino desde quien escribe, no representa el camino en dónde las personas, las cosas y/o eventos tendrán que llegar irremediablemente sin que hayan otras probabilidades. Son posibilidades que pueden ocurrir, en función de cómo los grupos, las organizaciones o las sociedades humanas quieran construir ese camino. En ello entran en juego lo que se conoce, pero también aquellos riesgos los cuales se vayan integrando en el trayecto y que será necesario considerar en el momento y lugar dónde se presenten.

La ciencia moderna, nace en un contexto dónde la religión judeo-cristiana europea comienza a declinar, en el momento que se entiende al conocimiento como una actividad basada en los hechos que entregaba la realidad natural a través de su experimentación directa. 

Esta idea no supone que el saber sea obtenido y visto como un elemento instrumental, sino también, como una nueva cosmovisión que permita la construcción del progreso, basado en el mejoramiento de la vida económica, política, cultural e individual del ser humano y también como un ejercicio de un continuo acercamiento con ese mundo.

La filosofía de este periodo por su parte; encarna a su vez los modos de hacer ciencia, cómo las claves para sostener una ideología o cómo una forma de salir de las tinieblas de un pensamiento dominante. En el caso de lo que sea; la filosofía, invita a discutir con los otros, aquellos aspectos que no son visibles en la civilización humana como los intereses, las motivaciones y los procesos que le dan a la sociedad una “textura” o una “consistencia” (no cómo dirían algunos: “discusiones bizantinas”). 

Por ejemplo; cuando la educación de un colectivo, se basa en disciplinarse para el trabajo en las fábricas, esto proviene de un pensamiento marcado por la idea de que el ser humano es una máquina, que debe rendir para la riqueza de las naciones. Lo visible es la manera en cómo se crean las relaciones escolares para cumplir con esta idea, lo que no se percibe a simple vista es por qué se organizan así y no de otra manera.

Ciencia y filosofía moderna, se entrecruzan en el momento en qué ambas: 1. Son reflexiones de un escenario realmente existente dónde hay todo tipo de relaciones y también en la búsqueda de la emancipación y la felicidad humana, 2. Construyen un sistema de deliberaciones y discusiones que llevan a elevar un rango de valores, con los cuales el ser humano, pueda guiarse para vivir en paz con los demás: la honestidad, la lealtad, el compromiso, la ley, la responsabilidad, la verdad basada en los hechos y 3. 

Son actividades artesanales, es decir, producto de un esfuerzo para cultivar con el tiempo aspectos basados en la disciplina, la paciencia, la observación, la conversación, la cercanía con los demás, es decir, en suma el desarrollo de capacidades mentales y destrezas humanas, orientadas en el pensar profundo, la labor manual y el diálogo cooperativo.

Cuando el mundo digital entra, éste se caracteriza por  “atrapar” o integrar todo el ecosistema de lo real, a formas manejables con dispositivos informáticos, dónde si bien un riesgo es la concentración de datos, también pareciera que las respuestas y las reflexiones que en antaño se hacían para nuestra comprensión, resultarían poco viables o quizá inservibles, pues con una secuencia de datos, se podrían obtener no sólo las respuestas necesarias para cualquier ámbito, sino también la solución a los problemas, evitando o eliminando prácticas de búsqueda, reflexión y diálogo, las cuales implican tanto la exploración de un universo cada vez novedoso y distinto cuando actuamos en él, como facultades humanas que nos entrenan para el uso de las manos, del cuerpo o de cualquier otra extremidad con la cual se puede hacer-saber y saber-hacer ciertas cosas y volverse sensible con la realidad.

En tal caso, podría ser –solo como una apuesta– que con tal virtualización, ciencia y filosofía moderna, se esfumaran –como alguna vez se extinguió Dios como poder dominante– y entrase una realidad técnica, basada en respuestas estadísticamente posibles y aplicables a cualquier realidad, o quizá la condición de crear un nuevo humanismo, dónde en el hartazgo de la virtualización, los seres humanos salgan de ellas y a las calles para hacer que la piel respire el peligro y no la redundancia atroz, estéril y repetitiva de esa tiranía informática. 

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