Vulnerabilidad

Este es un concepto que puede ser aplicado en distintos campos y con distintas acepciones. En general, la vulnerabilidad se refiere a la incapacidad de resistencia cuando se presenta un fenómeno amenazante, de la naturaleza. Por ejemplo, en caso de inundaciones, donde las poblaciones que habitan en las planicies, son más vulnerables a ser afectadas por este fenómeno, que aquellas que habitan en las zonas altas. También se refiere a la incapacidad para reponerse después que ha ocurrido un desastre.

O sea, que vulnerabilidad tiene que ver con la susceptibilidad y la capacidad de anticipar, sobrevivir, resistir y recuperarse de distintos impactos y no sólo naturales sino también, sociales y emocionales. Ser vulnerable se asocia —en cuanto a la personalidad— a ser sensible, frágil, indefenso, inseguro.

Vulnerabilidad no sólo es una condición, sino también una acción. El verbo vulnerar implica hacer algo, por ejemplo: atentar, contravenir, violar, como en el caso de los derechos humanos.

La autora Brené Brown la define como incertidumbre, riesgo y estar expuesto emocionalmente; pero la rescata como una condición positiva y necesaria para nuestro crecimiento y conexión con otros seres humanos. Brown piensa que es un mito el equiparar la vulnerabilidad con la debilidad. Dice que ser vulnerable no es ni bueno ni malo y cree que el mero hecho de sentir y por lo tanto de vivir, lo hace a uno ser vulnerable. 

Es dentro de la vulnerabilidad que nos permitimos experimentar todo tipo de emociones, incluyendo al amor, la alegría, el sentido de pertenencia, empatía y creatividad. En cuanto al amor, señala que este conlleva incertidumbre, riesgo y amar nos expone emocionalmente a poder sufrir decepciones, engaños. Entonces, ¿por ello no nos exponemos a amar?

¿A qué es a lo que la gente teme y reconoce como sentirse vulnerable? Entre otros, al iniciar un nuevo negocio o un trabajo, pedir ayuda, decir “NO” a alguna petición y temer con ello ser después rechazado o marginado. Vulnerable durante una primera cita después del divorcio. Al ser despedido del trabajo o ante la espera de los resultados de una biopsia. Fragilidad cuando compongo algo y temo darlo a conocer y enfrentar la crítica. Admitir que estoy atemorizado ante la muerte o la enfermedad.

Todo ello y más, nos hace sentir vulnerables. Es cierto, cuando decidimos exponernos, somos vulnerables, nos sentimos desnudos y desprotegidos. Nos gustaría tener la certeza y las respuestas válidas. Sin embargo, abrazar nuestra vulnerabilidad nos permite tener vidas más plenas. 

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