En la protección de la familia: ¿seguro y libre?

La familia es el principal lugar de crianza. Tiene una influencia decisiva en el desarrollo general de los niños y especial en sus oportunidades educativas y de participación. En ella, la comunidad y la seguridad, así como la empatía, la responsibilidad propia, la independencia y la capacidad de conflicto se viven o por lo menos “practican”. 

La familia es un universo único. En primer lugar, es un espacio social. Si esto está razonablemente intacto, cada niño puede desarrollarse y criarse adecuadamente. Para los niños, es esencial para desarrollar competencias y adquirir el potencial de acción que les permita participar en la vida social posterior. 

Depende no solo del cuidado material de los padres, sino especialmente de la transmisión de valores. Una educación de valor familiar integral y saludable da forma a los jóvenes para toda la vida, les brinda apoyo y seguridad y, sobre todo, una orientación interna. Los rituales, las acciones recurrentes, como las comidas compartidas y las celebraciones familiares diseñadas individualmente. 

Otros permiten a los niños desarrollar y crecer una estructura sólida que puede tener un efecto estabilizador. Sin embargo, son de crucial importancia las relaciones entre los miembros de la familia. ¡La familia tradicional! En la que el padre como cabeza de familia suele ser responsable de la nutrición de la familia y los contactos sociales fuera de la familia y la madre para el cuidado del área familiar interna, debe considerarse como ¡una reliquia de la burguesía del siglo XIX! Hoy, la relación entre padres e hijos se ha convertido en una asociación basada en el respeto mutuo, en la que la igualdad de género es de particular importancia. 

¡Pero eso no siempre hace que la familia sea fácil! “Todas las familias felices son como las demás, pero cada familia infeliz es infeliz en su manera especial”, Anna Karenina de Leo Tolstoi. Mientras varios factores tienen que ser consistentes para lograr algo, un factor es suficiente para sellar sus fallas. Una y otra vez, el “dejar-ir” resulta ser particularmente difícil. 

Cortar el cordón umbilical ha comenzado un proceso de desprendimiento que muchos padres no quieren aceptar. Bajo el pretexto de tener que proteger a su hijo, incluso en la edad adulta, finalmente obstaculizan a su hijo solo en el camino hacia la independencia. 

Se aferran y oprimen, en lugar de confiar, en lugar de alentar y disfrutar el crecimiento y la maduración de sus hijos. Pero: quien se aferra y quiere poseer para siempre, pierde lo que nunca puede poseer de todos modos. ¡Quién lo suelta, ata un vínculo sólido para siempre!

Hasta la próxima y “¿Mi hijo – desafiar y/o promover?”

Im Schutz der Familie: geborgen und frei?

Die Familie ist der wichtigste Ort des Aufwachsens. Sie hat einen entscheidenden Einfluss auf die generelle Entwicklung der Kinder und ganz besonders auf ihre Bildungs- und Teilhabechancen. In ihr werden Gemeinschaft und Geborgenheit sowie Empathie, Eigenverantwortlichkeit, Unabhängigkeit und Konfliktfähigkeit gelebt bzw. „geübt“. Die Familie ist ein ganz eigenes Universum. Zunächst einmal ist sie ein sozialer Raum. Ist dieser einigermaßen intakt, kann jedes Kind sich angemessen entwickeln und wachsen. Für Kinder ist dies elementar, um Kompetenzen zu entwickeln und Handlungspotenzial zu erwerben, die sie zur Teilnahme am nachfolgenden gesellschaftlichen Leben befähigen. Dabei kommt es nicht nur auf die materielle Fürsorge der Eltern an, sondern ganz besonders auf die Vermittlung von Werten. Eine gesunde und umfassende Werteerziehung in der Familie prägt die jungen Menschen für ihr Leben lang, gibt ihnen Halt und Sicherheit und vor allem eine innere Orientierung. Rituale, immer wiederkehrende Handlungen, wie die gemeinsamen Mahlzeiten und individuell gestaltete Familienfeste u.a., lassen bereits in den Kindern eine feste Struktur entstehen und wachsen, die stabilisierend wirken kann. Von entscheidender Bedeutung jedoch sind die Beziehungen zwischen den Familienmitgliedern. Die traditionelle Familie, in der üblicherweise der Vater als Familienoberhaupt für die Ernährung der Familie und die außerfamiliären gesellschaftlichen Kontakte und die Mutter für die Sorge des innerfamiliären Bereiches verantwortlich sind, müssen als Relikt des Bürgertums des 19.Jahrhunderts betrachtet werden! Das Eltern-Kind-Verhältnis hat sich heute zu einer partnerschaftlichen, von gegenseitigem Respekt getragenen Beziehung entwickelt, in der besonders auch der Gleichberechtigung der Geschlechter eine große Bedeutung zukommt.  Doch genau das macht Familie nicht immer einfach! “Alle glücklichen Familien gleichen einander, jede unglückliche Familie jedoch ist auf ihre besondere Weise unglücklich.“ (Leo Tolstoi in „Anna Karenina“) Während für das Zustandekommen einer Sache immer mehrere Faktoren stimmig sein müssen, reicht ein einziger Faktor, um ihr Misslingen zu besiegeln. Dabei stellt sich immer wieder das „Loslassen-können“ als besonders schwierig heraus. Mit dem Durchtrennen der Nabelschnur hat ein Loslösungsprozess begonnen, den viele Eltern nicht wahrhaben wollen. Unter dem Vorwand, ihr Kind, selbst noch im Erwachsenenalter, beschützen zu müssen, behindern sie letztendlich nur ihr Kind auf dem Weg zur Selbstständigkeit. Sie klammern und unterdrücken, statt zu vertrauen, statt zu ermutigen und sich am Wachsen und Reifen ihres Kindes zu erfreuen. Doch: Wer klammert und auf ewig besitzen möchte, verliert, was er ohnehin niemals besitzen kann. Wer loslässt, knüpft ein festes Band auf ewig!

Bis zum nächsten Mal und „Mein Kind – fordern und/oder fördern?“ 

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