¿Morir en una hambruna masiva?

Por Ricardo Sarraf

En la actualidad, poco más del 11 por ciento (1.500 millones de hectáreas) de la superficie terrestre del planeta se utiliza en la producción de cultivos y tierras agrícolas. Esta área representa un poco más de 1/3 de la tierra y se estima en algún grado adecuada para la producción de cultivos. Actualmente quedan unas 2.700 millones de hectáreas con potencial de producción de cultivos y esto sugiere que todavía hay margen para una mayor expansión de las tierras agrícolas. Sin embargo, también existe la percepción que no hay más o muy poca tierra para cultivar.

Aunque la agricultura es esencial para mantener la vida humana, se sabe que las prácticas asociadas con esta industria tienen ciertos impactos en el medio ambiente. Los más notables de estos efectos incluyen el cambio climático, la deforestación, la contaminación, el desplazó de pueblos y personas, la liberación de residuos tóxicos como pesticidas a los cuerpos de agua y la degradación general del medio ambiental.

Además, según la Organización Mundial de Agricultura y Comida (FAO) más del 60% de la población mundial depende de la agricultura para sobrevivir.

Las proyecciones de la ONU publicadas en 2019 estiman que la población mundial en 2100 será de 11,2 mil millones. Esto nos pone en una situación en la que las prácticas agropecuarias actuales no bastarán. El filósofo del siglo XVIII, Thomas Malthus, escribió estas siniestras palabras en un ensayo sobre lo que veía como el futuro terrible de la humanidad: La necesidad insaciable de los humanos a reproducirse, finalmente nos llevaría a sobrepoblar el planeta, a consumir todos sus recursos y morir en una hambruna masiva”. Muchos científicos líderes en sus facultades creen que actualmente el planeta tiene una capacidad de 10 mil millones. Esto nos deja con la pregunta de ¿qué vamos a hacer para resolver este problema?

En años recientes hemos visto un surgimiento en la práctica de la agricultura urbana. La agricultura urbana deberá formar parte del sistema ecológico urbano y puede desempeñar un papel importantísimo en el sistema de gestión ambiental urbana. Una ciudad en crecimiento producirá más y más aguas residuales y desechos orgánicos, dos recursos que se volverán indispensables en esta práctica. La agricultura urbana puede ayudar a resolver estos problemas convirtiendo los desechos urbanos en un recurso productivo, en usar tejados y terrenos vacíos para la producción agrícola y para livianas la presión creciente en nuestro medio ambiente.

Otra de las alternativas que sin duda deben ser incorporadas a nuestro sistema de producción de alimentos es la agricultura subacuática. Unos emprendedores italianos de la compañía Nemo’s Garden han creado cápsulas acuáticas en las que se puede cultivar casi cualquier tubérculo o hierba usando el agua evaporada del mar usando prácticamente cero pesticidas y fertilizantes. Utilizando estas cápsulas, muchos de los problemas actuales de la agricultura desaparecerán. No será fácil la implementación, pero con suficiente inversión, investigación y desarrollo de su proyecto, esta se podría convertir en una viable alternativa a las prácticas agropecuarias actuales.

Existen muchas alternativas de miles de emprendedores y agricultores de todas las edades preocupados por el futuro y la sostenibilidad del medio ambiente. Este problema no se resolverá fácilmente, pero necesitará una solución o alternativa dentro de los próximos 100 años si queremos seguir viviendo en esta gran canica azul, dando más de lo que tomamos.

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