Rituales funerarios en el hinduismo y el budismo

Por Rosario Sarmiento

Mucho se ha pensado acerca de cuál debe ser la definición de ser humano; si es la racionalidad, el saber que sabe, los sentimientos expresados por el lenguaje o el reconocer la mortalidad propia y la de los demás. Sabemos que desde que el hombre entierra a sus muertos existe ya la concepción del espíritu como la posibilidad de trascender a otra forma de existencia.

Los rituales funerarios sirven, entre otras cosas, para expresar los sentimientos con relación a la muerte de un ser querido. Hacer el duelo ayuda a las personas a elaborar un cierre a la relación que se tuvo con esa persona en vida.

No todas las religiones expresan de manera igual el duelo. Por ejemplo, en el hinduismo se realizan cremaciones públicas de acuerdo con la casta que en vida tenía la persona. Tanto el hinduismo como el budismo tienen muchas ramas con rituales diferentes, pero en general se realizan los siguientes actos en el hinduismo.

Existe la costumbre de encender una lámpara a un lado de la cabeza del difunto para que el alma pueda tener luz en su camino. En la ceremonia se canta, se leen los libros sagrados y los invitados dejan una flor en el ataúd. Al creer en la reencarnación, no se ve a la muerte como fin del alma, ésta seguirá su camino, lo que causa alegría en las personas que querían al difunto. El cuerpo físico es temporal mientras que el alma es inmortal.

El cuerpo debe ser colocado con la cabeza hacia el sur, se adorna con joyas y flores y es trasladado en hombros en un tipo de fiesta en donde van alegres, cantando y orando por la nueva forma de vida que tiene ya esa alma. El cuerpo debe cremarse y a ese acto no pueden asistir mujeres por considerarlas demasiado sensibles. Si sucede la muerte cerca del río Ganges, es llevado el cuerpo a las aguas del río y se coloca en una pira de madera que, dependiendo de la casta social del difunto, puede ser de sándalo u otros tipos de madera, incluso boñigas de vacas. Si el cuerpo era de una mujer se coloca boca abajo y él que debe prender el fuego de la pira es el menor de los hijos o el esposo; si es de un varón al revés con la cara hacia arriba y quien prende el fuego es el hijo mayor.

Se espera a que el cuerpo quede incinerado y la buena señal es que estalle el cráneo, esto significa que el alma puede salir ya. Si no se abrió el cráneo con el fuego, la familia deberá abrirlo después y así contribuir al camino del alma.

Después del ritual de cremación el duelo dura 13 días, en los primeros 10 días la familia no se lava, los hombres no se afeitan y las mujeres no lavan su cabello, tampoco asisten al templo porque se consideran impuros. Posteriormente se pueden lavar y en el día 13 acuden al río en donde dejaron el cuerpo a lavarse todos juntos.

Todo el proceso del alma, una vez que sale del cuerpo, se conoce como Samsara o rueda de la vida en donde el karma (ley de causa y efecto), dará la pauta de cómo será la siguiente vida para seguir el camino de la purificación final.

En el budismo tibetano, la muerte ideal es aquella en donde la persona sabe que pronto morirá; la muerte es sólo un paso a la siguiente vida. No se le debe temer demasiado y los seres queridos ayudan leyendo fragmentos del Libro de los Muertos. En este texto se encuentran los datos necesarios para que, cuando el alma este en medio de dos vidas (Bardo), sepa que es lo que debe hacer. Muchos budistas prefieren ser incinerados, aunque existe la posibilidad de entierro, dejarlo a la intemperie o colocar al cuerpo en el agua. Es así como los cuatro elementos: agua, aire, tierra y fuego ayudarán a descomponer el cuerpo.

Para los budistas existen otras vidas, al morir una persona, empieza el ciclo del siguiente renacimiento y así sucesivamente hasta que el alma ya ha obtenido la suficiente sabiduría para entrar al Nirvana. En el ritual, el cuerpo se cubre con un sudario y no se le toca; la casa de los deudos queda abierta para que lleguen las personas a compartir el funeral quienes ofrecen regalos y dinero a la familia como forma de respeto. Algunas familias llevan escritos en donde se narran historias y anécdotas de la persona fallecida; en ocasiones asisten monjes que cantan y oran frente al cuerpo. El cuerpo se prepara con formol para que la ceremonia pueda durar siete días; el funeral se lleva a cabo con calma y felicidad espiritual.

Los budistas piensan que el periodo del Bardo abarca 49 días, es en esa etapa en donde el alma reconoce las fuerzas kármicas que le harán saber en donde deberá suceder su próxima reencarnación. Nada permanece por lo que debemos evitar tres males que causan el sufrimiento: el ego, los deseos y los apegos; se debe dejar al alma de la persona muerta seguir su camino. Pasados 100 días se realiza una nueva ceremonia en la que se ofrece las oraciones finales y se derrama agua bendita en el suelo.

Rosario Sarmiento es Licenciada en Filosofía por la Universidad Iberoamericana y cuenta con estudios de la Maestría en Desarrollo Humano por la Universidad Iberoamericana y la Maestría en Educación por la Universidad Marista. Desde hace más de 30 años ha impartido la materia de Ideas Políticas y Sociales y Problemas de la Civilización Contemporánea en el ITAM. Asimismo ha sido catedrática de antropología Filosófica en la Universidad Iberoamericana y de Psicología Filosófico en el Instituto ELEIA y en la Universidad de las Américas.

rosario_sarmiento@yahoo.com

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