Modelos de Rehabilitación

Por Ricardo Sarraf

A lo largo de la historia, varias sociedades han batallado con epidemias de adicción a diferentes sustancias. Fuentes bíblicas, egipcias y babilónicas registran la historia del abuso y dependencia del alcohol. En Inglaterra a principios del siglo XVIII el famoso Gin Craze (alcoholismo), el uso excesivo de opio por los chinos durante el siglo XIX, epidemias de opioides en Suiza y Portugal a finales del siglo XX. Hoy en día en Canadá, Alemania y Estados Unidos hay una crisis similar a la ya mencionada. Los altos niveles de adicción que vemos son síntoma de sociedades enfermas.

Ver estos síntomas de cara a cara es muy difícil y solucionar el problema cuando se sabe poco de las causas y por que persiste, en ocaciones parece casi imposible. Casi todos los países del mundo tienen su propia manera de liderar con esto, y en muchos casos lo que sirve en un país puede ser catastrófico en otro. Todos los modelos de rehabilitación a nivel mundial se pueden clasificar aproximadamente en tres categorías: castigo, negligencia y empatía.

Observemos primero los modelos castigo:
En los Estados Unidos, la guerra contra el narcotráfico ha afectado negativamente a su población adicta. Debido a estigmas sociales, penas de prisión, propaganda, el mercado negro de drogas más grande del mundo y poco apoyo de la sociedad es fácil entender por que los niveles de recuperación en los adictos es muy baja. No se escucha mucho sobre rehabilitación de drogas en países como Vietnam, Camboya, Filipinas o China. Esto se debe una razón terrible: todos estos países tienen modelos de rehabilitación de drogas que se asemejan más a los campos de concentración o de trabajos forzados que a cualquier clínica de rehabilitación en el mundo. Cada uno de estos países tiene un “tratamiento” de rehabilitación de drogas que es obligatorio para los adictos. Una vez que los adictos son recogidos, pueden ser detenidos por hasta cuatro años en centros de “rehabilitación” que los ponen a trabajar en condiciones inhumanas con un salario mínimo. Estos modelos están más alineados a desaparecer a los adictos de las calles que a ayudarlos con su recuperación. Los niveles de rehabilitación son muy bajos y mucha gente muere o desarrolla condiciones mentales lamentables en estas instituciones.

Modelos de negligencia:
Primero que nada sería un poco engañoso llamarlos modelos cuando en la mayoría de estos casos no existe ni el reconocimiento del problema. Actualmente Uganda tiene severos niveles de alcoholismo, la respuesta política y social ha sido nula. Este caso muestra como un problema de sustancias que no es tratado se vuelve parte de las normas sociales comúnmente aceptadas. La mayoría de los países a nivel mundial siguen un modelo en el cual solo los que buscan ayuda y la pueden pagar, la consiguen con poca o nula ayuda de las instituciones sociales. Otros países menos desarrollados dependen casi al 100% de caridades y grupos religiosos para clínicas y programas de rehabilitación. El modelo de negligencia no ayuda mucho, pero es indudablemente mejor que castigar a los adictos por sus padecimientos.

Ahora los raros y novedosos modelos de empatía:
En el año 2000 se estimó que el 1% de la población portuguesa era adicta a la heroína y Portugal tenía la tasa más alta de infección por VIH en toda la Unión Europea. Después de la decriminalización de prácticamente todas las drogas en Portugal y la implementación de programas sociales —apuntándole al mejoramiento de las situaciones y vidas de las personas con adicciones—, la infección por VIH disminuyó de un máximo histórico. En 2000 de 104,2 nuevos casos por millón a 4,2 casos por millón en 2015. El uso de drogas y número de adictos disminuyó drásticamente a la par con números de recuperación. Igualmente Suiza batallaba una crisis de adicción a opioides, su solución fue crear centros de administración pagados por y manejados por el gobierno, previéndose a los adictos un ambiente limpio, amigable y estéril al igual que heroína pura. Las clínicas suizas tienen un enfoque hacia la recuperación y mejoramiento personal de la persona y no hacia el castigo y humillación del individuo. Estas clínicas prácticamente han resuelto la crisis de opioides en el país europeo y han cambiado la percepción no solo de de los adictos, sino también de la población en general.

Sería erróneo atribuirle el éxito de estos casos a la legislación, aunque esta si tiene un papel importante que jugar. Las crisis y epidemias de adicción son síntomas de una sociedad enferma. Para curar esta enfermedad cualquier cantidad de demandas a compañías farmacéuticas o guerras contra carteles se quedará corta. Solo un cambio social podrá curar a estas sociedades enferma. Tratar de curar a un adicto castigándole sería como tratar de curar el cáncer a golpes.

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