La extinción de las abejas repercute en la producción de alimentos

La labor más destacable de las abejas, además de la producción de miel, es la polinización.

La polinización es un proceso de transferencia del polen de las flores que resulta esencial para la vida, el cual es fundamental en la reproducción y sobrevivencia de las plantas, así como en el acceso de los animales a granos y frutas.

Las abejas, son un grupo de insectos que aman las flores, son de las principales especies polinizadoras, y su proceso es vital para la mayoría de los alimentos que consumimos los humanos.

Lamentablemente, sus poblaciones se están reduciendo en todo el mundo de manera alarmante: entre 50% y 80 %.

De no atenderse este problemática, se tendrán repercusiones importantes como problemas en la producción de vegetales y animales, estaría en riesgo la seguridad alimentaria y el estado de conservación de la biodiversidad.

En México, hasta el 85 % de los vegetales que se cultivan, dependen en cierta forma de la polinización.

Actualmente, las abejas están amenazadas por el cambio climático, que ha modificado los patrones de las lluvias y altera la floración de la que dependen. Asimismo, el uso de agroquímicos: herbicidas, funguicidas, insecticidas y vitaminas en las zonas de cultivo del campo. Se trata de amplias hectáreas de monocultivos que se riegan con sustancias tóxicas que matan a estos insectos.

Por otro lado, las abejas son dañadas por algunas enfermedades, en especial la causada por un parásito llamado varroa, que las chupa y afecta sus defensas, ocasionando que produzcan menos miel y vivan menos tiempo.

La agricultura extensiva y la carencia de áreas de polinización impactan en su ecosistema y las obliga a recorrer grandes distancias para encontrar alimento.

También la inadecuada capacitación de los apicultores es un inconveniente, especialmente cuando las abejas no son bien manejadas y presentan problemas de salud.

Para revertir estos daños, se debe promover el cultivo de plantas locales en áreas verdes comunes y jardines, para permitir a los polinizadores nutrirse y resguardarse, además de modificar hábitos para priorizar el consumo de alimentos locales y orgánicos; y para los productores apícolas y agropecuarios, son necesarios programas de información y capacitación.

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