Derecho y desinterés en ciencia

Aunque no forma parte del aprendizaje regular del científico, existe un cierto consenso, que podríamos considerar que tiene carácter normativo, sobre en qué consiste ser un buen científico. Es algo así como un conjunto de normas que van de la mano o facilitan el proceso de generación de conocimiento científico contrastado. 

El tema ha sido tratado por sociólogos y filósofos de la ciencia y creo que es oportuno traer aquí algunas de sus reflexiones con la finalidad de ver, de forma sucinta, si algo está cambiando en la ciencia en la medida en que buena parte de la comunidad de científicos no parece acogerse a alguna de las normas. Examinemos un par de ellas.

Si la ciencia es un proyecto sobre el conocimiento del mundo, conocimiento que debe ser contrastado por la propia comunidad científica, cualquier ciudadano debería tener la posibilidad de estar implicado en ese proyecto. 

Es un hermoso edificio que se va construyendo, en buena medida anónimo, en el sentido de que no es tan relevante quien contribuye como el hecho que se haga una contribución efectiva. Hay que tener cuidado con la idea del “anonimato”, porque es un arma de doble filo que puede mostrar que el proyecto no se hace “como se debe”. La aportación a la ciencia de personas concretas es fundamental, no todos tienen la misma capacidad para contribuir a ella. 

En ese sentido no todos somos iguales y mejor que así sea. Solo pensemos en la bondad que puede tener para el desarrollo de la ciencia contar con las personas más instruidas, cultas, inteligentes y libres para el desarrollo de su propia creatividad. Aquí viene el asunto, cuando se manifiesta que cualquiera puede contribuir a la ciencia estamos admitiendo que “cualquiera” debiera tener la posibilidad de poder contribuir. No es tanto el derecho “de la propia ciencia” a contar con “cualquiera”, como que “cualquiera” debiera tener la oportunidad de formar parte de “ese maravilloso proyecto”. Pues bien, ahí tenemos una primera norma de difícil aplicación universal: el derecho a la ciencia.

Otro asunto de gran importancia es el desinterés cuando se hace ciencia. Parece una cuestión sencilla, pero en modo alguno lo es y menos en los tiempos que corren. Tiempos en los que la ciencia es una institución social tan importante para la propia humanidad a la que contribuyen muchas personas de todo tipo, clase y condición. El desinterés por el desarrollo de la ciencia, no es que se contraponga, pero es prioritario con respecto al interés personal. 

Esto también es normativo, nos debe interesar el avance de la ciencia. Lo demás debiera venir sobrevenido, incluyendo las recompensas diferenciales que van a ir asociadas al hecho que unos hacen contribuciones más significativas que otros. A poco que pensemos sobre este asunto nos daremos cuenta, querido lector, de lo peliagudo que es cumplirlo. En primer lugar, por la práctica férrea del principio del desinterés frente al interés personal, pero no menos importante, que la propia institución de la ciencia garantice el otorgamiento justo de esas recompensas. Mi impresión personal es que la ciencia es de las mejores instituciones humanas en cuanto a ese principio de justicia en el reparto diferencial de las prebendas. No nos engañemos, acechan continuamente los males que siempre aquejan a cualquier institución social organizada jerárquicamente: amiguismo, familiarismo y clientelismo. La norma aquí iría en la línea de minimizar las fatales consecuencias de esas tres lacras.

La ciencia ha ido creciendo a lo largo de su historia en lo que podríamos denominar el aumento del cuerpo contrastado de conocimiento del mundo. Seamos críticos: hemos de pensar si tal crecimiento podría haber sido mayor. Es algo así como disponer de un modelo ideal de ciencia que nos pudiera indicar qué cantidad esperaríamos de conocimiento contrastado de haber sido operativas desde sus orígenes esas normas a las que acabo de hacer referencia. Me temo que estamos por debajo de donde deberíamos estar. Aunque me queda el consuelo de pensar que otras instituciones igualmente importantes para la humanidad están mucho más abajo que la ciencia respecto de sus modelos ideales.

Twitter: @moyasimarro1 

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