“Moches” en la 4-T y migración descontrolada

Por Carlos Bayo Martínez

Quién lo dijera, también en la 4-T caen en la tentación de los “moches”, pues quien o quienes no tienen carrera política, llegados al azar, se deslumbran al grado tal que quieren asegurar su futuro económico en poco tiempo.

Es el caso del actor legislador, Sergio Mayer, a quien en su propia cara le restregaron que exige “moches” en su calidad de presidente de la Comisión de Cultura de la Cámara de Diputados. Eso como condición para avalar proyectos, programas o trabajos en zonas con alto potencial turístico.

Será el sereno, pero que en la 4-T los propios compañeros de Mayer le reprochen que es un corrupto, esa verdad cala. Lo peor es que desde los altos niveles de la 4-T quieren apagar el infiernito con la emisión de un comunicado, dando a conocer que al interior de la bancada del partido que gobierna, todo es vida y felicidad.

Por otra parte, resulta inadmisible que los mexicanos sigamos padeciendo una migración irregular, producto de la incompetencia de funcionarios que no han podido o no han querido ser parte de la 4-T. Un día sí y otro también, nuestro país es chantajeado por el gobierno de Donald Trump para que ponga orden los flujos migratorios que entran a territorio mexicano.

Pero resulta que, en gran parte, el Tío Sam tiene razón, porque muchos migrantes centroamericanos vienen enfermos. Traen consigo enfermedades venéreas, viruela, sarampión, influenza, y otro tipo de enfermedades contagiosas y no contagiosas que ya están erradicadas en México.

Lo que más le preocupa al país vecino del norte —al nuestro también—, es que los flujos migratorios provenientes de África, traigan consigo el ébola, una enfermedad contagiosa que de llegar a México sería casi seguro que la tenga Estados Unidos. Por eso la presión ejercida a la 4-T, pero muchos del primer círculo del presidente Andrés Manuel López Obrador ni se inmutan, porque no les interesa o porque les quedó grande el cargo.

EL MUNDO DE CABEZA

No cabe duda que el mundo está de cabeza y que va al exterminio. Cuando la iglesia de Notre Dame, en París, sufrió un incendio a mediados de abril pasado, la población mundial puso el grito en el cielo y se aprestó a brindar ayuda. En cambio, hoy el mayor pulmón verde del orbe arde y nadie dice nada.

Más de 500 mil hectáreas de áreas verdes de las Amazonas han ardido y como en Brasil también practican la austeridad, no hay recursos para combatir los incendios. Por supuesto que esta grave pérdida mundial tendrá repercusiones en un futuro inmediato, pero eso a nadie, ni siquiera a los ecologistas, le interesa.

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