El Hombre frente a los Dioses

Ya hemos abordado en artículos anteriores de forma muy general lo que es la Cosmovisión y un poco sobre los Dioses. En este texto comenzaremos a explorar la relación de los Hombres con los Dioses. Para comenzar a dilucidar el tema es necesario ir al principio. ¿Cómo fueron creados los humanos? Y ¿con qué propósito?

Las fuentes para explorar estas preguntas serán los mitos. Pero esto nos refiere nuevamente a otra pregunta ¿qué es un mito? Bueno le invitamos a leer nuestras anteriores columnas en el Ángel Metropolitano. Un Mito será fruto también de la Cosmovisión; es decir, junto con la Cultura será fundamentalmente como se explican las relaciones entre un grupo social con el entorno que habita. De esta forma el humano comparte con las generaciones futuras “el cómo” se establecieron ahí desde el inicio, con historias épicas que harán referencia a un sitio y tiempo Sagrado. No necesariamente fantasiosa, más bien explicadas con el lenguaje simbólico, arquetípico, mágico y religioso que comparten en el inconsciente colectivo un grupo específico, si mágico–religioso: no necesariamente irreal… Entonces, los mitos nos explicarán el origen del Mundo (entiéndase por origen del mundo el del Universo mismo).

En el caso mesoamericano no es de códices, es en su mayoría de los mitos (narrados por los informantes de Sahagún) con sus diferentes versiones (aquí vale la pena acotar a libros como el Popol Vuh perteneciente a los Mayas Quichés aportando la mirada Maya a la Mitología Mesoamericana), son la fuente para conocer el propósito del humano en el Cosmos.

Con la finalidad de ser prácticos nos permitiremos dar una interpretación muy somera y personal de los mismos. Dejamos al lector la invitación a investigar sobre los mismos y formar su propia imagen de los fantásticos relatos de los dueños de esta Tierra… Así que pues, allá vamos:

Si partimos de la idea general que los Dioses son los Dueños de los lugares, las funciones primordiales de un dueño es velar por el Bienestar de aquello que le pertenece o se le ha encomendado.

Entonces, los mitos mesoamericanos traerán una historia con una alta carga de ORDEN. En ellos no sólo se describe la creación —tan importante como la narrativa—, sino en la misma quedará en evidencia un “orden cósmico”. Por ejemplo ¿por qué el sol es amarillo?, ¿por qué tiene ciertas características? y lo más importante ¿cuál es su función dentro del Orden Cósmico que acabamos de describir? Por lo tanto, nos vamos a encontrar frente a un Cosmos completo, un Cosmos en perfecto Orden con la dinámica de caos precisa para que este exista. Donde todos, desde las estrellas hasta el más diminuto de los animales tiene su razón de ser en ese engranaje cósmico.

A diferencia de la Cosmovisión judeo cristiana (corazón del credo católico y cristiano), el hombre va a ser el centro del Cosmos, la creación máxima de Dios como su obra maestra. Aquí puntualizamos la discrepancia con la filosofía mesoamericana en la cual el Cosmos y los Dioses en su dinámica ya están completos en sí mismos y no requieren la intervención del Hombre para completar la creación.

A los Dioses les corresponde estar concentrados, sometidos y de alguna forma condenados a solo repetir en un ciclo sin fin las funciones explicadas en el mito (repetirán su actividad una y otra vez). Por ejemplo el Sol, repetirá su ciclo una y otra vez sin poderse descuidar de su función; ya que siguiendo la lógica mesoamericana, si descuida su función específica que le corresponde en el Cosmos, pondría en riesgo a todo lo que se encuentra en relación con él (como los planetas y el sistema solar). Así que de alguna forma también peligraría el Universo mismo al entrar en caos nuestro sistema, ya que todo está conectado, vinculado, en simbiosis o codependencia. Es decir, “en relación” y siendo escatológico para dejarlo claro: el Sol no puede tomar vacaciones. Como este cuerpo, todos los Dioses en la misma situación: poderosos pero no libres, sometidos a su Destino (favor de recordar este concepto para revisarlo en cuanto abordemos el tema del Destino, en el futuro). Así que inventaron una argucia para resolver este dilema de conflicto de intereses, pues al estar vivos: tienen intencionalidad y personalidad, cada uno con sus propios anhelos por cumplir que su obligación no les permite.

Decidieron crear un “servidor”, no un sirviente, un servidor. En náhuatl el concepto que lo engloba es la palabra MACEHUAL. En la lengua náhuatl —como en muchas mesoamericanas, originarias y antiguas—, una sola palabra incluye un concepto amplio y filosófico, el cual incluso es dinámico. Es decir, depende el contexto, uso y hasta entonación de la misma; pero para traer un poco del concepto “macehual” al siglo XXI, se aproximaría a “ser merecedor”. Así que tenemos a un “servidor” de los Dioses, que tendrá que demostrar toda la vida “ser merecedor” del “Don de Existir” (ojo, no dije de la vida; si no de existir [para nuestros Ancestros Mesoamericanos el Servicio a los Dioses será de más valor que incluso la vida misma, especialmente para los Mexicas; de ahí el Honor de morir en la Guerra]). Ese Destino será impuesto por los Dioses desde el nacimiento, tiene sentido ¿no? Si los Dioses están sometidos incluso a un Destino ¿por qué el hombre habría de ser libre?

Los Dioses hicieron varios experimentos para crear al servidor ideal, dependiendo la fuente que se consulte estos servidores fueron hechos de distintos materiales. Parece ser que no encontraban la fórmula ideal y destruyeron a sus creaciones, en al menos cuatro ocasiones anteriores… Un poco frustrados dejaron esa necedad y se prometieron concentrarse en sus Destinos. Hasta que un Dios que nos es muy familiar, quizá más necio, Quetzalcóatl en contra de la voluntad de los demás Dioses, forma a la actual humanidad. Lo crea partir de los huesos de los Servidores anteriores (no les llamo humanos, porque eran más una creación de macehuales que humanos [lo humano curiosamente nos remite a las ideas de libertad, desarrolladas por nuestra filosofía contemporánea <el humanismo>, nada más lejos de la filosofía mesoamericana]), de su propia sangre y del maíz. Así somos la quinta humanidad, la quinta era, el quinto sol, el hombre de maíz.

La consigna es servirles a los Dioses cumpliendo con nuestro destino, sin pena de ser destruidos por no ser macehuales; indignos del “don de existir”. Que tanto los hemos tentando usando la libertad e incumplir nuestro destino… ¿Qué tanto la humanidad se acerca a la destrucción por los Dioses por pésimos servidores?

Haalach Uinik B´aalam K´iin es sacerdote Maya y dirige el Centro Holísitico Providencia; Institución Pionera que cuenta con Especialistas en la Auténtica y Popular Medicina Tradicional Mexicana sustentada en la Cosmovisión Mesoamericana, Prehispánica e Indígena.

www.centroholisticoprovidencia.com

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