Un villano misterioso

Cuando pensamos en cambio climático global de inmediato pensamos en CO2 (bióxido de carbono). Éste no es el único gas de efecto invernadero, pero es el que más aporta al efecto y el que se usa como métrica equivalente para los demás. Sin embargo, en el cambio climático global existe otro importante villano misterioso: el carbón negro. Éste no es otra cosa que lo que coloquialmente llamamos hollín y se genera fundamentalmente por la combustión incompleta de materia orgánica (incluyendo combustibles fósiles). 

Sí, en efecto, esa desconfianza intrínseca que nos dan los escapes de los camiones diesel mal mantenidos es precisamente por ese carbón negro que emiten. No se trata de un gas, sino de partículas sólidas y desde el enfoque de la salud no es nada benéfico. Ya que su tamaño por debajo de los 2.5 micrones (millonésimos de metro) burla fácilmente nuestros mecanismos naturales de filtrado y se hospeda en nuestros pulmones. No todo es malo sobre el carbón negro, por ejemplo en agricultura, es deseable que se incorpore a los suelos pues los hace más fértiles, notablemente en los trópicos. Pero en esta columna, el efecto que deseo enfatizar es como amplificador sobre el calentamiento global.

Las partículas (sólidas o líquidas) que se incorporan a la atmósfera, elegantemente llamadas aerosoles, le quitan un poco de transparencia al aire evitando que la radiación solar llegue plenamente a la superficie de la tierra. Pero el color mismo de estas partículas de carbón hace que sean eficientes absorbentes de dicha energía solar, aportando un efecto neto de calentamineto de la misma. 

Pero esa no es su principal aportación al calentamiento global, sino la que ocurre cuando se depositan en superficies de hielo o nieve. Su color facilita la absorción de energía solar muy por arriba de la que tendría la nieve o el hielo en estado puro, de manera similar a como un automóvil negro se calienta más que un automóvil blanco bajo los rayos del Sol. 

Todos sabemos que las superficies del planeta cubiertas por hielo se están reduciendo. Cuando éstas superficies, en su estado natural reciben la radiación solar, reflejan la mayor parte de la misma hacia la atmósfera y, eventualmente, hacia el espacio. Pero cuando están contaminadas por partículas de carbón negro se calientan más y se retraen más rápidamente que en su estado natural. 

Al descubrir el terreno natural bajo ellas, que también es un peor reflejante que la superficie de hielo, mayor parte de la energía solar proveniente del espacio se utiliza en calentar el terreno y éste a su vez a la atmósfera sobre él. Ésto hace que, aún una contaminación relativamente modesta de carbón negro, tenga un efecto sustantivo sobre el calentamiento global. Los cálculos actuales muestran que este efecto del carbón negro es el segundo más importante en el calentamiento global, solo por atrás de CO2, pero más importante que el metano, el segundo gas de efecto invernadero con mayores efectos.

¿Qué podemos hacer al respecto? Tratar de usar las fuentes de energía que menos carbón negro producen, modificar nuestra ancestral costumbre de quemar los remanentes de nuestras cosechas agrícolas para facilitarnos su limpieza, atacar nuestros crecientes incendios forestales con mayor oportunidad y efectividad, filtrar las emisiones industriales del mismo, educar a nuestros hijos al respecto, etc. 

Desgraciadamente la producción de carbón negro si está asociada con la pobreza, dado que del orden de la mitad de la población mundial usa combustibles muy ineficientes (tomados directamente de la naturaleza) para sus necesidades de cocción de alimentos. Un importante problema de salud mundial es el constante respirar, especialmente de las mujeres de este segmento de la población mundial, de los humos de estas actividades de cocción que por supuesto contienen grandes concentraciones de hollín. 

La buena noticia con respecto al carbón negro es que su tiempo de residencia en la atmósfera después de ser emitido es del orden de unos días hasta un par de semanas. En contraste con el tiempo de residencia del CO2 con decenas a cientos de años. Esto quiere decir que las medidas que tomemos al respecto de su eliminación tendrán un efecto inmediato en limitar nuestro calentamiento global actual.

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