Un cuarto de humanidad sedienta

El 6 de agosto de 2019 salió publicado en el New York Times un artículo que causó un gran revuelo pues advertía que un cuarto de la humanidad enfrentaría en breve una crisis sobre el agua. En realidad dicho artículo estaba basado en nuevos datos y cálculos que presentó la organización World Resources Institute en el que ordenaba 164 países del mundo en orden del índice de estrés hídrico. Clasificando a aquellos con un índice mayor al 80% como extremadamente alto, mismos que contabilizaban 17 países que en conjunto tienen aproximadamente un cuarto de la población mundial. 

Por cierto, México no estaba entre ellos, pero casi, pues se encuentra en el lugar 24 en dicha lista, dentro de la categoría de alto estrés hídrico (entre 40% y 80%). Este estrés hídrico es simplemente el consumo humano de agua entre la disponibilidad de agua promedio dentro de cada uno de los países, expresado como porcentaje. Esto es, del orden de un cuarto de la humanidad vive en países que ya están utilizando el 80% o más del agua que tienen disponible. La mayor parte de estos países (12) se concentran en el medio oriente y norte de Africa. Pero el que más llama la atención, tanto por su altísima población como por encontrarse en una zona monzónica es la India que ocupa el lugar 13 en la lista.

Dado que el índice combina la oferta (brindada por la naturaleza, aunque quizá modulada por efectos humano como el cambio climático global) con la demanda que depende fuertemente de la población (y de la densidad de población), resulta evidente que los países con las condiciones más desfavorables son aquellos de condición árida y que además cuentan con una alta densidad de población. Esto no solo aplica a países completos, sino a regiones internas dentro de dichos países. Por ejemplo, México en su Altiplano Central Norte se encuentra bajo significativo estrés hídrico, fundamentalmente debido a su aridez. 

Pero esta zona de alto estrés hídrico se extiende no sólo hasta el Trópico de Cáncer, límite convencional entre las latitudes medias y los trópicos, sino hasta el Valle de México, en este caso dominando la muy alta densidad de población. La Ciudad de México (o su cuenca completa) quedaría clasificada en la categoría de extremadamente alto estrés hídrico. Debe establecerse que los datos necesarios para calcular este índice no existen en ciertas zonas como la zona sahariana en el Norte de Africa y en Groenlandia. Los cálculos no se han realizado solo con agua superficial o solo con agua subterránea, sino con la combinación de ambas.

Un país (o región) que se encuentra en alto estrés hídrico es mucho más vulnerable a los vaivenes de la naturaleza, debido a que hasta un intervalo de sequía no tan intenso, no tan extenso o no tan duradero puede poner en jaque a su población. Varios casos de crisis recientes han aparecido en los diarios (Sao Paulo, Brazil; Chennai, India; Cape Town, Sudáfrica). 

También es necesario enfatizar que el estrés hídrico tiene una evolución a lo largo de las temporadas del año, y que la vulnerabilidad de una zona depende fuertemente del momento pico de estrés hídrico a lo largo del año. Por ejemplo, México tiene una relativamente corta temporada de lluvias y por lo tanto una relativamente larga temporada de estiaje. Tiene sentido que esperemos nuestros momentos más críticos hacia el final de la temporada de estiaje (digamos abril y mayo).

Si estimamos la demanda dentro del Valle de México con los 300 litros/día que aspiramos entregar a cada uno de sus 22 millones de habitantes, demandamos 2,409 millones de metros cúbicos al año. El volumen total de posible almacenamiento de las tres presas del Sistema Cutzamala es de tan solo 782.5 millones de metros cúbicos, 32.5% de nuestra demanda anual. 

Hacia finales de julio de 2019 el almacenamiento real resultó de 540.2 millones de metros cúbicos, que representa el 22.4% de la demanda anual. Por supuesto que el Valle de México no depende únicamente de dichas presas, sino también de su sobre-explotado acuífero (se extraen 445% de lo que se recarga anualmente). Pero éstos números nos indican la vulnerabilidad ante variaciones climáticas, lo que se encuentra íntimamente ligado a este extremo estrés hídrico en la zona. 

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