Los Lujos

Para el filósofo coreano Byung-Chul Han, autor de Loa a la Tierra. Un Viaje al Jardín (2017), el lujo, ante todo es un estado mental. 

Otros piensan y le asocian con objetos o servicios que exceden a lo necesario; con algo a lo que la mayoría de las personas no puede acceder ya sea porque es demasiado caro, porque se da pocas veces en la vida o porque son oportunidades especiales y escasas que unos pocos pueden aprovechar. 

Excesos de pompa, ornamentación, suntuosidad, ostentación, costoso, exclusivo…  El lujo puede estar dado por la calidad, por los materiales o ingredientes utilizados; todo aquello que convierte lo ordinario en extraordinario. El lujo puede ser innecesario, superfluo, no resulta imprescindible ni esencial: percibamos eso. Con poder adquisitivo, una vivienda, que se convierte en una casa y de esta se adquiere una mansión, esta ya se vuelve en un lujo. Lo mismo con los automóviles, con los ornamentos, con los alimentos o los lugares donde los consumimos, lo viajes y dónde nos quedamos.

El lujo es un concepto subjetivo, una forma de ver que depende de las necesidades y de las percepciones de las personas. Genera un sentimiento de diferenciación, de disfrute pleno, de excelencia. “High end, Premium, Luxury”, términos de mercadotecnia pero eficaces para hacer que el consumidor se sienta, por lo menos mientras que lo disfruta y lo puede pagar: realizado, pleno y con esa capacidad de poderse dar ese lujo. Como diría Cocó Chanel “el lujo es una necesidad que empieza, cuando acaba la necesidad”.

Volviendo a lo que le otorga, en parte, la categoría de lujoso es la escasez. Por ejemplo, el caso del azafrán. El crocus sativus , cuya cosecha es muy exigua. Para un kilo de azafrán se necesitan hasta doscientas mil flores y por eso se considera un lujoso condimento. El mismo que también se utiliza como medicina e incluso para teñir valiosos ropajes. Los romanos ya hacían gran derroche de éste y era un lujo. Se cuenta que, como signo de su triunfo, Nerón mandó espolvorear las calles de Roma con azafrán…

¿Qué el lujo no es para todos? Depende cómo lo definamos. Porque lujo es también o, más bien, el privilegio de utilizar a plenitud nuestros cinco sentidos que nos permiten disfrutar esos increíbles atardeceres, paladear exquisitos sabores,  escuchar el trinar de los pájaros, las risas de los niños o escuchar música de todos los tiempos, tener salud, llegar a viejo… ¿Hay mayor lujo que todo ello? ¿Entonces qué son los verdaderos lujos? Darse permiso, disfrutar y crear nuestros propios lujos.

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail:  agorabi16@gmail.com 

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