Mi hija Luna; un ballet de sonrisas e ilusiones

Para Luna y Fanny 

Por: Miguel Angel Maciel González

Me detengo un poco en los temas que generalmente se comentan en esta columna, para dar un homenaje –si es posible– a mi pequeña hija Luna, que el próximo sábado 17 de agosto cumple 5 años. Generalmente como he escuchado (y vivido) en muchas organizaciones públicas y empresas privadas; las instituciones preparan grandes fiestas, festejos o reconocimientos a los empleados quienes en un día determinado de un mes festejan su onomástico. Esto con el fin de crear un clima organizacional agradable. 

Permítanme decir que esta práctica resulta un disparate; pues en ocasiones no nos damos cuenta de muchas cosas: 1. Un empleado, nunca pidió ser empleado, 2. Un empleado; existe porque el sistema de relaciones económicas y productivas, requiere que alguien ocupe ese rol y los “jefes” tengan la suya y 3. El empleado no pidió bailar al ritmo de la empresa en cuanto a la madeja y/o marejada de acontecimientos “lúdicos” que las organizaciones “preparan” para las personas.

Desde mi punto de vista, toda festividad debe estar libre de coerciones y contorsiones lingüísticas y de temporada, que fijen con alfileres el, cómo, dónde, cuándo, por qué y para qué es necesario rendirle tributo a quien en apariencia se lo merece, Qué bonito onomástico sería el día en que el cumpleañero, le dijera a sus alternos cómo les cae y también se lo expresara a su jefe, líder o cadena de mando que está “encima” de él. También qué experiencia oportuna y de felicidad sería cuando el homenajeado, hiciese lo contrario a lo que sucede en una fiesta; no platicara, no comiera pastel, no recibiera los pocos o muchos obsequios en las pomposas “mesas de regalo”.

Imaginen a Luna, hacer lo que hoy por hoy crea y desarrolla en casa, es decir; bailar, jugar, no hacernos caso, inventar historias, soñar con princesas, dar marometas y que todo esto se integrara a su cumpleaños, pero sobre todo la oportunidad de no dejar de soñar e ilusionarse con sus relatos, con sus personajes inventados, con la idea de ser niña. Vale la pena que todo esto fuese un festín de cumpleaños.

Les pudiera enseñar a las maestras, lecciones de que si no lee a la primera o no “sabe” hacer cuentas, lo que si sabe es. 1. Deambular por mundos azules y de cobre, 2. Por realidades hechas de pincel y manos zurcidas de anhelo, 3. De coreografías angelicales, gozando de la magia de sus pies, de estirar sus esperanzas y poner sus manos en el aire. Eso no sólo es un cumpleaños cualquiera, sino un homenaje para que todas la fiestas fueran así de bellas, sin la intermediación de los papás, los profesores y/o las empresas.

Por esa situación cada vez que se escuchan las voces acartonadas, muchas veces insinceras de “vamos a festejar tu cumple” en mi centro de trabajo o en alguna deslavada institución; mis moleculas desaparecen, prefiero venerar a la vida y a mi hija Luna; reposando en un sillón, jugando con ella a las muñecas, viendo como se come con ilusión unos taquitos. La veo, en sus danzas por lala ensoñación, por la locura de vivir, con sus amiguitos. Ya llega a los cinco años y esperemos que el universo y el los mundos subterráneos, conspiren para que su ballet llegue hasta otras estrellas y otros seres.

Ante una ola irrefrenable de explotación, crimen, deshonestidad, falta de compromiso, falta de respeto y “bipolaridades” (como me dijeron) y violencia ciega –sobre todo a la infancia del mundo– se tiene la oportunidad para que los caminos, los parques, los vestidos y las palabras con la comunidad se conviertan en los mejores cumpleaños. Muchas felicidades hija mia!!!

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