Labores de cuidado: Un problema con roles de género

La persistencia de los roles de género en las labores de cuidado en México es uno de los principales obstáculos a los que se enfrentan las mujeres para poder formar parte de la fuerza laboral en México. Estos roles no sólo determinan el papel que se espera de las mujeres para que cumplan, tanto a nivel privado como social, sino que trastoca otros ámbitos fundamentales como las instituciones de movilidad y las normativas laborales.

En México, vivimos en una sociedad diseñada bajo un modelo que ve a las mujeres como cuidadoras y no como productoras. Una sociedad diseñada para la vida productiva masculina que le exige a la mujer abstenerse de participar en el espacio público y ocuparse del espacio privado exclusivamente. Una sociedad que les pone trabas a aquellas lo suficientemente valientes para intentar compaginar las tareas de ambos espacios.

Es momento de cuestionar las estructuras persistentes que deslindan a los hombres de las labores de crianza de las hijas y los hijos. Hay que entender que el proceso es un conjunto que requiere una compaginación de las actividades laborales masculinas como de las femeninas.

Hasta ahora, los avances (o más bien la falta de ellos) en ese ámbito son alarmantes. En el terreno de movilidad, nos encontramos con un sistema de transporte público sin las condiciones óptimas necesarias en términos de rutas, horarios y vehículos adecuados para lograr —de manera simultánea a la actividad laboral— las labores de cuidado. Si seguimos nuestro análisis al terreno de lo legal, observamos que la ley tan solo les garantiza a los hombres cinco días de permiso de paternida. Mientras que, en promedio, los países de la OCDE reciben ocho semanas; países como Islandia y Finlandia reciben 90 y 70 días, respectivamente.

De acuerdo con datos de INMUJERES para 2018, la tasa de participación en el trabajo doméstico no remunerado fue de 96% para mujeres y tan solo 65% para hombres. La participación de los hombres en las labores de cuidado y del hogar beneficia el involucramiento de los mismos en la crianza de las hijas y los hijos, también disminuye de manera significativa la violencia que perciben las mujeres en el hogar. De acuerdo con una serie de índices generados por la Academia Irene Casique, el aumento de una unidad del índice de participación de los esposos en las tareas del hogar implica una disminución del 53% de violencia emocional, 70% violencia económica, 79% de violencia física y 83% de violencia sexual.

De la mano de esto, es importante reconocer que estos cambios no se dan de la noche a la mañana y que la carga de las labores de cuidado en la mujer será una realidad para más de la mitad de las familias mexicanas. Por lo tanto, a la par que luchamos por incluir a los hombres en las labores de crianza, debemos luchar por tener condiciones que permitan a las mujeres incorporarse al mercado laboral sin que las labores de cuidado sean un obstáculo insuperable.

¿Cómo podemos conseguir esto? Es necesario erradicar los actos de discriminación en los procesos de contratación a mujeres; luchar por la equidad en salarios ante trabajos equivalentes; buscar mayor flexibilidad en los horarios o permisos de empleo; y mejorar el sistema de servicios de guarderías o estancias infantiles.

Aún nos queda un largo camino por recorrer, pero ya es momento de cuestionarnos todas esas estructuras que, como mujeres, nos impiden desarrollarnos de manera libre y nos ponen en desventaja para poder partir de un escenario con igualdad de oportunidades.

La Cuarta Ola es la organización estudiantil feminista del ITAM.
@CuartaOla

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