¿Hasta cuándo?

Por Jorge Israel Acosta Escorcia

“¿Hasta cuándo?”, una consultante me preguntaba en terapia, esperando a que yo tuviera la respuesta a lo que le conflictuaba ¿Hasta cuándo es pertinente seguir luchando por una relación o hasta cuando lo mejor es terminarla antes de que termine en una lucha agobiante?

La persona que acudió a mi consulta me lo preguntaba de tal manera que, parecía que ella creía que yo conocía que era lo mejor para su relación. Lo que ella no contemplaba es que yo me había preguntado eso las mismas veces que ella o quizá hasta más. Pues, a pesar de tener una carrera en el área de humanidades, yo era producto de este mundo roto, de este “mundo quebrado” como Gabriel Marcel lo manifestó. Por lo tanto, las angustias y la incertidumbre de la mujer que se acercó a mi consultorio, no me eran ajenas; ya que, como a veces se piensa erróneamente de la carrera de psicología y psicoterapia estas no podían quitarme lo humano, lo frágil, lo vulnerable al mundo.

Este encuentro, me hizo reflexionar de nueva cuenta en que las carreras psicológicas nos inundaban de teoría y de explicaciones sobre la conducta humana. Sin embargo, este hecho no nos brindaba ninguna verdad absoluta y mucho menos curativa por más libros que leyéramos o excelentes calificaciones que sacáramos. Lo único que yo podía ofrecerle a esta persona ante la pregunta que me hizo, fue para fortuna o desgracia, más angustia, pues yo tampoco conocía la respuesta, por consiguiente, solo me quedó expresarle mi asombro y mi respeto ante su elección de quedarse en esa relación llena de incertidumbre incluso cuando todo aparentaba derrumbarse. Ella lucía desilusionada de mi respuesta, pues no le di una solución. A la vez parecía un tanto asombrada: ¿El terapeuta respeta mi elección de permanecer en esta relación que otros llaman dañina? Parecía que lo que ella había hallado como novedoso en ese encuentro, era justo eso, respeto por quien ella elegía ser.

Parece ser que, en el mundo en general, así como en el de la psicoterapia, casi todos quieren cambiar a alguien más: relacionándose desde el egoísmo; los padres quieren cambiar a sus hijos y los anexan o los corren o los violentan; los hijos quieren cambiar a sus padres y los agreden o los exhiben; las parejas quieren cambiarse entre sí y hasta se llevan a terapias de pareja a poner al terapeuta como referi para ver quién tiene la razón… Y así, interminablemente, en este juego donde todos estamos ciegos y sordos ante lo que el otro elige ser y hacer con su existencia, parece casi un lujo, poder acercarse a alguien sin que pretenda repararte o modificarte algo.

La cuestión es ¿Qué tanto podemos caer en el atropello de querer cambiar al otro solo por nuestra idea preconcebida de “bienestar”, “autoestima” o “salud mental”?

Jorge Israel Acosta Escorcia es Licenciado en Psicología y cuenta con Maestría en Psicoterapia Humanista Existencial. También es Doctorante en Terapia Gestalt de Campo.

isragestalt6@gmail.com

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