Londres: la primera megalópolis

En el año 1800, la población de Londres rondaba el millón de habitantes. Un siglo después incrementó hasta seis millones y medio. Ya a mediados del siglo XIX, la capital británica se había convertido en la ciudad más poblada del mundo. Esta meteórica explosión era inevitable en el que fue el gran epicentro de la Revolución Industrial.

Durante todo ese siglo, Londres fue el gran centro político, financiero y comercial a nivel global, por lo que se posicionó como la ciudad más importante del globo, eso hasta que cambió el siglo, pues Nueva York y París comenzaron a disputarle el cetro.

 

Aún así, millones de personas vivían hacinadas a los suburbios de la ciudad sin acceso a los servicios más básicos.

Dentro de este proceso de urbanización caótico e improvisado, quienes pagaban las consecuencias eran los inmigrantes procedentes del campo que servían de mano de obra en las fábricas.

Sin embargo, lo que dio un nuevo impulso a la ciudad del Támesis fue la construcción del ferrocarril, que invirtió la tendencia, empujando a las clases medias y pudientes hacia los nuevos barrios residenciales de la enriquecida periferia; también lo hizo la red de alcantarillado creada a mediados del siglo por Joseph Bazalgette.

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