¿Cómo saber si soy feminista?

Parece una pregunta tonta, pero son muchas las mujeres que se acercaron durante el boom del #MeToo a organizaciones como La Cuarta Ola para buscar una respuesta. La raíz de esa duda no sólo está en la diversidad de feminismos, sino en un problema que afecta principalmente a las mujeres: necesitamos sentirnos 100% preparadas antes de hablar o de hacer algo.

Esto es importante porque se convierte en una de las ocho mil razones por las que para las mujeres es más difícil aplicar a trabajos o universidades, participar en clase e incluso atreverse a emitir una opinión en sus grupos cercanos (amistades y familiares). Sólo lo hacemos si sentimos que hemos revisado el tema con suficiente profundidad como para tener una opinión sólida e incluso así, la aversión a que pongan en entredicho lo que dijimos, aunque sepamos que son falacias o argumentos vacíos, nos inhibe de hablar.

Se nos enseña desde pequeñas a tenerle miedo al riesgo, a dar pasos sólo sobre lo que ya conocemos o con lo que ya estamos seguras. No se nos facilitan las herramientas para lidiar con la frustración y se nos castiga si pensamos fuera de la caja, contrario a lo que pasa con la crianza general de los hombres. No quiero decir que eso sea nuestro único obstáculo, sino que es parte de todo lo que en conjunto necesitamos desaprender.

Pero volviendo a la pregunta inicial, para todas aquellas que aún dudan cuando les preguntan si son feministas o la primera respuesta que les viene a la cabeza es que no saben o no están seguras, la respuesta es que sí lo son: No lo duden.

Aunque es cierto que los feminismos tienen bases sólidas que deben ser estudiadas para garantizar sus principios básicos —por ejemplo, la autonomía de la mujer— y evitar caer en contradicciones, también es importante perderle miedo a la palabra y al movimiento, entender que “cada mujer es un feminismo”. Autoadscribirte feminista no te va a eximir de cometer errores en tu día a día porque es un proceso de (des)aprendizaje —largo y difícil— pero sí te va a ayudar a acercarte más a la rama que quieres y a adquirir cada vez mayor conocimiento sobre el tema.

Con el tiempo, podrás entender conceptos como deconstrucción, interseccionalidad, transversalidad, empoderamiento, sororidad, feminismo radical (su verdadera definición), cosificación, entre otros. Pero es necesario aprender a quitarnos el miedo a hablar y a equivocarnos para así ir adquiriendo más conocimiento.

Entonces, si quieres poner tu corazón verde en Twitter apoyando la legalización de la interrupción legal del embarazo —por aquello de defender a toda costa la autonomía de la mujer—, hazlo.
No dejes de construir maravillosas redes de apoyo por miedo al “qué dirán”.

La deconstrucción la hacemos todas.

 La Cuarta Ola es la organización estudiantil feminista del ITAM.
@CuartaOla

Imagen: @Buuubuu_

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