Plasticidad

Proviene del griego, plástico, que significa “dar forma” y representa la propiedad y comportamiento mecánico que en física —y para algunos materiales— tiene la capacidad de deformarse permanente e irreversiblemente cuando se encuentran sometidos a tensiones por encima de su rango o límite elástico. Plasticidad y elasticidad van juntos.

Contemporáneo de Isaac Newton, el físico inglés Robert Hooke, formulaba para casos de estiramiento longitudinal y estableció la Ley de elasticidad —que lleva su nombre— donde indica que el alargamiento y la deformación que pueden sufrir algunos metales y minerales es directamente proporcional al esfuerzo ejercido. Para evitar ser plagiado (ya desde entonces existía esa práctica…), publicó estos resultados en forma de un anagrama “ceiiinosssttuv” —ut tensio sic vis— que significa “como la extensión, así la fuerza”, hasta un límite: su límite elástico.

Para los no físicos como yo y la mayoría de ustedes, el término de plasticidad lo asociamos con otras situaciones, como con el cerebro. Es esa capacidad del sistema nervioso de cambiar su estructura y funcionamiento a lo largo de nuestras vidas, como reacción a la diversidad del entorno. Genera cambios en la expresión genética y en el comportamiento. 

Plasticidad neuronal, neuroplasticidad o plasticidad sináptica es la propiedad que emerge de la naturaleza y funcionamiento de las neuronas cuando estas establecen comunicación entre sí. Es la que modula la percepción de los estímulos del medio, tanto los que entran como los que salen. Permite a las neuronas regenerarse anatómica y funcionalmente para formar nuevas conexiones sinápticas. Representa la facultad de nuestros cerebros para recuperarse y reestructurarse. Demuestra un potencial adaptativo y compensatorio. Todo ello puede suceder a lo largo de nuestras vidas.

Nuestras neuronas se estimulan con los nuevos aprendizajes y las nuevas experiencias. En ellas se crean rutas de intercomunicación, se vuelve más maleable: como la plastilina. Aprendizaje y práctica, de forma muy parecida a como se horma un camino de montaña a través del uso diario de la misma ruta que emprende un pastor y su rebaño.

¿Quienes no hemos jugado con la plastilina? Ese material plástico empleado para modelar, compuesto de sales de calcio, vaselina y otros compuestos. Con la plastilina hemos aprendido a crear figuras, a jugar, a compartir con los chiquilines. Aplicar estos conceptos de plasticidad y elasticidad con nuestras relaciones. Estirar lo suficiente, como para volvernos más tolerantes, crear nuevas conexiones: no entre neuronas, sino entre personas. Ejerzamos la plasticidad en todo lo que da. 

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.