Esta palabra arruina cualquier disculpa

El lado positivo de disculparse es bastante obvio: remendar las cosas, descargar la culpa y dejar atrás cualquier tensión en tu relación con la persona a la que lastimaste.

Pero la peor parte de pedir perdón también es obvia: es profundamente incómodo. A nadie le gusta hablar de cómo se equivocó, ni nadie disfruta viéndose vulnerable.

Lo que significa que a menudo hacemos torpes intentos de llegar a las cosas buenas sin el desagrado requerido, ofreciendo una disculpa que no requiere que reconozcas las verdades dolorosas, pero tampoco realmente suaviza las cosas.

Una manera fácil de hacer que una disculpa sea ineficaz: Usar la palabra “pero”. Como en “Lo siento, pero …”

Agregar un “pero” al final, entonces, es una excusa que contradice la sinceridad del mensaje original. Las mejores disculpas son cortas y no incluyen explicaciones que puedan deshacerlas.

También tienden a tener algunas otras cosas en común:

Una disculpa bien ejecutada requiere que el infractor deje claro que entiende lo que hizo mal, asuma la responsabilidad plena, ofrecer un plan para arreglar las cosas y la promesa de mejorar en el futuro.

En el otro extremo del espectro, un perdón ineficaz incluirá justificaciones o excusas, minimizar la gravedad de la mala conducta, o culpar a la persona en el extremo receptor (como el ejemplo más pasivo-agresivo de  las no disculpas, “Siento mucho que te hayas sentido ofendido”).

Sabemos que admitir tus errores puede ser duro en el ego, pero si lo desde un punto de vista egoísta, hay incentivo adicional para hacerlo más allá de ayudar a la otra persona a sentirse bien otra vez.

Disculparse es un poco como arrancar una curita: Si aprietas los dientes y lo haces bien a la primera, también terminarás rápidamente con tu incomodidad

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