Las dificultades para medir el granizo

Obviamente, la motivación para la presente columna fue la hyper-granizada que ocurrió sobre Guadalajara en la madrugada del Domingo 30 de junio de 2019. Creo que todos hemos visto impresionantes fotografías y videos que muestran claramente que se trató de un evento verdaderamente extremo. 

Pero creo que también dejó en claro que no tenemos un mecanismo objetivo satisfactorio para medir el granizo en términos de su profundidad de acumulación, de su tamaño característico de piedras de hielo y mucho menos de la estructura interna de dichas piedras. 

En las aproximadamente 3,300 estaciones climatológicas convencionales en México, los operadores deben reportar cada día a las 08:00 A.M. si en las 24 horas previas se presentó o no granizo en el sitio. Pero este reporte es binario, sí o no, no nos dice gran cosa sobre las características del granizo precipitado. 

Por otro lado, las estaciones meteorológicas automáticas en los conos de captación de sus pluviógrafos capturan las piedras de granizo precipitado y, eventualmente al derretirse, contabilizan la cantidad de agua líquida equivalente que contenían; pero ni siquiera lo reportan a la hora precisa de ocurrencia, sino con un cierto retraso. De todos modos no están diseñadas para capturar y retener todas las piedras que en ellas caen, aumentando la incertidumbre por los múltiples posibles rebotes.

Por otro lado, existen pluviógrafos que operan bajo el principio de medir la lluvia a través del impacto que producen las gotas sobre un cierto diafragma sensible. Al menos nominalmente, tienen un mecanismo para identificar cuando el impacto se debió a una partícula sólida de hielo y no a una gota de agua; por lo que en principio, al integrar, podrían informarnos algo con respecto tanto a la profundidad del granizo como del tamaño de las piedras de granizo. 

También existen instrumento ópticos que miden la lluvia a través de la interrupción momentánea del paso de luz entre un emisor y un receptor al pasar las gotas entre ellos. No sólo nos pueden informar sobre la intensidad y lámina de lluvia, sino también sobre la distribución de tamaños de gotas que la componen (es decir más que pluviógrafos, son disdrómetros). 

Dependiendo del procesamiento de la señal realizado por los mismos es posible que logren identificar si se trata de gotas de agua pasando entre el emisor y el receptor o sí son piedras de granizo —porque presentan formas diferentes al caer en la atmósfera (aplanadas como la parte superior de un pan de hamburguesa para gotas líquidas o estadísticamente esféricas para piedras de granizo)—.

Finalmente, existen los radares meteorológicos de doble polarización, que pueden detectar las zonas de una tormenta que tiene granizo en su interior. Esto es útil porque facilita alertar a las zonas sobre las cuáles está a punto de caer granizo, pero no tanto para conocer las características del granizo ya que cae a tierra. Por ejemplo, desde hace poco más de un año la CDMX cuenta con un radar meteorológico de este tipo. 

Tiene la ventaja de que desde un solo sitio de operación cubre una amplia zona en términos de este monitoreo (toda la Ciudad de México y gran parte de su zona conurbada). El efecto Doppler también puede ser utilizado con radares cuya antena está orientada verticalmente hacia arriba, para detectar lluvia y granizo en términos de sus velocidades terminales de caída.

Actualmente, es posible obtener gran cantidad de reportes en tiempo casi real sobre granizo utilizando a toda la población con teléfonos celulares como reporteros. Inclusive brindando información sobre el espesor de la acumulación y sobre el tamaño de las piedras (para lo que se requeriría en primera instancia que las fotos estuvieran geoetiquetadas con las coordenadas geográficas locales). Pero como en el reciente caso de Guadalajara, el problema es como mantener la información objetiva. 

Por ejemplo, de lo que yo observé en videos, las zonas con mayor profundidad de hielo remanente de la granizada (ampliamente fotografiadas y videograbadas) parecen no solamente haber recibido granizo localmente, sino también haber sido arrastrado desde zonas aledañas más altas por corrientes de agua subyacentes. 

En este sentido sería necesario contar con un mecanismo que mantuviera las piedras de granizo precipitadas sobre el lugar en que precipitaron, sin posibilidad de arrastre lateral hacia las zonas más bajas. 

¿Algún tesista aventurado que desee proponer un mecanismo objetivo de reporte de granizo en tiempo real? 

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