Con Urzúa fuera de la jugada ¿quién llevará las riendas del barco Pemexiano?

Por Daniel Espinosa

La renuncia de Carlos Urzúa, ex titular de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, anunciada a través de sus redes sociales el pasado 9 de julio, viene a incrementar la presión sobre el futuro financiero de Pemex, que hace apenas unas semanas recibió una nueva baja de calificación por parte de la agencia Fitch Ratings. 

La salida de Urzúa se da en el marco de la especulación de la industria petrolera sobre los retrasos en la presentación del nuevo Plan de Negocios de Pemex para el período de 2019 a 2024. 

En su primera conferencia de prensa como virtual Secretario de Hacienda, Arturo Herrera aseguró que el apoyo a Pemex seguirá siendo un asunto central para la economía y para las finanzas del país durante su mandato. A pesar de no entrar en detalles sobre el contenido del nuevo Plan, aseguró que la mayor inversión de la empresa estará focalizada hacia las actividades de exploración y extracción de hidrocarburos.

Si bien el discurso de Herrera está en sintonía con las acciones de apoyo emprendidas por el Gobierno Federal durante el último año, permanecen las dudas sobre la convicción del virtual Secretario sobre la viabilidad de los proyectos estratégicos de la petrolera, teniendo como antecedente las declaraciones que él mismo hiciera hace solo un par de meses. 

A los ojos de la industria, el nuevo Plan de Negocios de Pemex es uno de los pocos aparejos con que contará la empresa en el corto plazo para atisbar la salvación financiera, ante la caída en la plataforma de producción petrolera en México y el sostenimiento de los precios a nivel internacional. 

Las expectativas del sector están vertidas sobre su contenido, y los expertos ya emitieron sus recomendaciones estándar, incluyendo la necesidad de que el Plan de Negocios prevea: 

  1. Estrategias para la celebración de alianzas de Pemex con el sector privado para el desarrollo de campos; 
  2. Proyecciones de producción asequibles en el corto y mediano plazo, y
  3. Procesos estructurados para la diversificación de riesgos, incluyendo el abandono de proyectos poco rentables y la disminución de los pasivos de la empresa. 

A pesar de que estos objetivos suenan axiomáticos, es poco probable que en el transcurso de las siguientes semanas veamos un golpe de timón que nos acerque a ellos, considerando que: 

  1. En materia de asociaciones, es muy probable que el nuevo Plan de Negocios se base en los esquemas de Contratos de Servicios Integrales (CSIEEs), mismos que entraron en vigor desde finales de la década pasada y que, para muchos expertos de la industria, representan mecanismos de asociación superados con la entrada de la Reforma Energética de 2013-2014; 
  2. En cuanto a las expectativas de producción, Pemex continúa con las viejas prácticas de contratación de los servicios de EPC para el desarrollo de casi dos docenas campos que incorporará a su portafolio al cierre del segundo semestre de este año. En el mejor de los casos, los campos representarán un máximo de producción de crudo de 320 mil barriles día, cifra lejana a los 1.6 millones de barriles día prometidos en diversas ocasiones por el Director General de Pemex.
  3. En materia de los deberes, si bien las medidas de austeridad alcanzaron a Pemex, generando una reducción en el gasto corriente y en los beneficios a los empleados, la empresa enfrenta un problema grave de pasivos laborales: ya que cuenta con un plantel cercano a 130 mil personas. Esto contrasta con otras compañías petroleras a nivel internacional, como la Noruega Equinor; que con una planta de cerca de 20 mil empleados tiene una producción a nivel mundial de 2.1 millones de barriles día.

Aunado a lo anterior: la reasignación de recursos para la construcción de Dos Bocas, la interrupción de las Rondas Petroleras, las cada vez más frecuentes excepciones a la licitación de servicios, el renacido ímpetu en contra el uso del fracturamiento hidráulico (fracking), así como los posibles encontronazos entre Arturo Herrera y la Secretaria de Energía Rocío Nahle en el Consejo de Administración de Pemex, son algunas de las razones por las cuales la petrolera deberá navegar de bolina durante los próximos años. 

La pregunta que queda es sí la tripulación estará a la altura de las circunstancias o, como en el caso de Urzúa, saltará al agua en los poquísimos botes salvavidas que quedan.  

Daniel Espinosa es licenciado en economía por el ITAM y maestro en economía. Analista especializado en el sector energético para México y América Latina.

daniel_espinosa@zoho.com

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