La precarización de la belleza o la liquidación de un proyecto emancipador

No interesa tratar en esta columna, lo que es la belleza, ni tampoco entrar en confrontación con quienes hablan de que esa idea o concepto es algo subjetivo y más para quienes alaban la relatividad radical de la posverdad. Más bien a partir de un hecho concreto en la televisión se observará la demacrada situación que vive una parte de la belleza. 

Hace dos semanas en una televisora mexicana, se estrenó algo llamado “Mexicana Universal”, concurso que pretende elegir a quién “represente” al país en un certamen más de Miss Universo. Más allá de los lugares comunes o conocidos en dónde se codifica a la mujer como objeto de consumo o se diga que este tipo de productos comunicativos distraen al público de los problemas nacionales, hay dos consideraciones criticables acerca de la sobre-simplificación de la noción implícita  de belleza que conlleva este show montado y espectacularizado para un determinado público.

En primer lugar, el juego del lenguaje que se hace con el nombre de “Mexicana Universal”, hace pensar dos cuestiones: 

1. Quien sea la triunfadora se convertirá automáticamente –junto con las otras concursantes del planeta– en la “personificación” de lo que se entiende por belleza, basada en una “ética” corporal y la habilidad para responder preguntas. En tal caso a mayor estilización de ambas, mejores oportunidades para lograr la meta. No obstante habría que preguntarse: ¿la belleza responde a pura positividad?, es decir, a la ausencia de lados vulnerables y débiles de quienes participan y en general de toda la especie humana, ¿la belleza es un estado acabado en una determinada edad, como es el caso de las competidoras? ¿Se puede ser bello antes o después de la duración impuesta por la prueba? ¿Hacer preguntas implica el deseo bello de conocer, pero será que se convierten en “abominables”o tienden a la fealdad cuando diseccionan las ganancias y el estilo de vida del capitalismo, quien promueve este tipo de eventos?

2. En la modernidad: lo “universal”, implicaba la unificación de las explicaciones en una sola que le diera sentido y coherencia al proyecto emancipatorio de una felicidad única. Aspiración forjada y formada por la construcción constante y continua de ese deseo. Aquí “Mexicana Universal”, no pretende ni la disciplina, ni tiene el apetito para imaginar una proyección de largo aliento, más bien, la pretensión tiene fecha de caducidad basada en los productores y la rentabilidad, y no en la realización de los ideales de belleza de una mundo siempre en construcción y acción para la mejora de su condición moral, intelectual, cultural y sentimental de los seres humanos. 

En segundo lugar, la belleza, sometida a la contemplación y a la discusión incesante, se convierte en un rápido “viaje” de tres semanas con todos los gastos pagados (para quien los “liquide” o si no los liquidados son la gente quien ve el programa pero no paga y para las damas que pierden la oportunidad de volverse “universales” e incluso la ganadora que si triunda o no, también perderá ese estatus con la degradación del tiempo y su corona).

Es también la travesía de un fin de semana, en dónde cada domingo quienes ven el programa se “acuerdan”, que tienen una “cita” con la “belleza”, gestionada por otros, para acostumbrarse que sólo se puede ser bello con un traje de noche y/o de baño, con labios pintados y contorsiones mercantiles y/o con las palabras en las que se simula ser ecologista, solidaria o mística. Después las luces se apagan y viene la cruenta realidad de los lunes, amarga epopeya de inicio de semana en la que podemos ser conscientes para valorar y luchar por otro tipo de belleza, aquella no creada pero que es la esperanza de un mundo con mucho más personas desarraigadas, es decir, la virtud de la existencia colaborativa. 

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