La crisis del sargazo

En 2018 ya se reportó una baja en la afluencia de turistas a los diferentes sitios sobre la costa de Quintana Roo en el Caribe mexicano, esto muy probablemente debido a la presencia de excesivo sargazo que impide que la experiencia de playa sea óptima.

Cuando la gente me pregunta: ¿cuándo empezaremos a sentir los efectos negativos del calentamiento global? Mi respuesta ha sido siempre la misma: ¡ahora! Pues resulta que esta excesiva generación de sargazo muy probablemente esté modulada hacia el alza por el incremento en las temperaturas del agua en la parte superficial del mar. Y no se trata únicamente de los años 2018 o 2019, sino que ha aumentado (con una cierta variabilidad interanual) al menos, a lo largo de los últimos 10 años. 

Es como si la naturaleza nos estuviera regresando el excesivo carbono que nosotros inyectamos a su atmósfera en forma de una biomasa que arriba a nuestras playas; y en el lugar que más nos duele, en el principal productor de divisas extranjeras del país.

Es cierto que, probablemente, no se trata de un efecto exclusivo del calentamiento global por gases de efecto invernadero. Se estima que este florecimiento de sargazo se está produciendo en las aguas oceánicas entre Sudamérica y Africa, en el Atlántico Ecuatorial. 

Es precisamente ahí a donde vierten las aguas del río Amazonas, el más grande del mundo; en un contexto de creciente deforestación de la zona que drena y de un creciente uso de su suelo para tareas agropecuarias, que usualmente vienen acompañadas de material orgánica en descomposición y fertilizantes que enriquecen la carga de nutrientes necesarios para este tipo de plagas. Y plaga lo es. 

No solamente afecta negativamente las aguas costeras y las playas a las que llega, sino que afecta negativamente el paso de luz solar hacia los bellísimos arrecifes que caracterizan a esta costa y hace aún más difícil su presente lucha por sobrevivir bajo la acidificación de las aguas marinas (que también es un efecto del exceso de gases de efecto invernadero en la atmósfera). También afectan el desarrollo de los pastos en el fondo marino, mismos que estabilizan la arena, cuyo movimiento bajo condiciones de ciclones tropicales tantos problemas han causado en el pasado a estas inigualables playas.

Y, si llevamos 10 años desde manifiesto el problema, ¿por qué es que nuestras medidas de prevención y corrección han sido tan poco consistentes? Pues quizá debido a nuestra fé, donde a través de plegarias esperamos que un ser supremo resuelva un problema que nosostros los humanos produjimos. Afortunadamente sí existen medidas concretas promisorias. 

Un grupo de empresas mexicanas, Grupo Dakatso, ha creado una embarcación que puede recoger el sargazo todavía lejos de las playas con eficiencia, y aunque su uso no se ha generalizado, al menos muestra la factibilidad de hacerlo, esto probablemente en combinación con barreras costa afuera que detienen temporalmente su avance hacia las playas. Paradójicamente, el sargazo no ha sido intensamente estudiado en cuanto al uso que se le puede dar, precisamente porque resultaba difícil de cosechar en altamar. 

La naturaleza nos ha resuelto, de momento el problema, trayendo toneladas del mismo a cada kilómetro de nuestra costa Caribe. Estudios realizados en el Centro de Investigación Científica de Yucatán (CICY) muestran que esta biomasa podría producir 720 kilowatts-hora de energía (suficiente para el consumo de unas 10 casas por una semana) por cada tonelada de sargazo a través de la producción de biogas. 

Ahora se estudian mecanismos para acelerar su descomposición (que produce el biogas) y para hacerlo sin necesidad de transportarlo mucho tierra adentro y sin limpiarlo de plásticos previamente. En dicho Centro también se investiga la producción de hongos alimenticios que crezcan sobre sargazo llegándose a un estimado de unos 800 kg de hongos por cada tonelada de sargazo. Ninguno de los dos usos es sencillo y ninguno de los dos es gratis, pero ambos son factibles. Y otros candidatos más vendrán. Por el momento, para evaluar económicamente estas propuestas, se requiere conocer la aportación (en toneladas de sargazo) de cada kilómetro de costa por cada día del año. Lo que parece ser una tarea ideal para uso inteligente de imágenes de satélite (o imágenes aéreas desde aeronaves tripuladas o desde drones).

Así que ¿cuándo veremos las primeras manifestaciones negativas del calentamineto global? Pues que te parece ¡HOY!

Referencia: How to survive a seaweed plague, Laurenn Zanolli, MIT Technology Review, vol 122, no. 3, may-jun 2019 (volumen subtitulado Welcome to climate change). 

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