Herencias

En todas las sociedades existe  esta acción: la de transmitir el conjunto de bienes, derechos y obligaciones de una persona a otra (s). Y sucede tras la muerte de quien la deja, quien la recibe, como bien sabemos, se le denomina heredero(a). Pero, también es cierto que — como en el caso de padres que pierden a sus hijos — no existe un término que los defina con un solo término. ¿Cómo se le dice a la persona que deja su herencia y que delimite con una palabra, esta función? Tal vez ocupemos este espacio para inventarla: qué tal, ¿heredador?

El patrimonio, el legado, los bienes materiales, forman parte de lo que se transmite y está sujeto a un trámite legal. Pero hay otros tipos de herencia: La genética, por ejemplo, donde son transmitidos los caracteres anatómicos, fisiológicos, morfológicos y bioquímicos que provienen de nuestros ancestros y que nos definen con los rasgos  específicos que poseemos y ser más o menos propensos a adquirir ciertas enfermedades o dotes extraordinarios…

Y una herencia que nos acompaña desde que nacemos hasta que morimos es nuestra herencia cultural. Todas nuestras costumbres y creencias tienen su origen en este tipo de herencia. Nuestro lenguaje forma parte de este legado, el que sufre “mutaciones”, claro. Igual que en la genética; transformaciones que se van dando de generación en generación, que enriquecen ( o perturban el status quo) y dan vitalidad a nuestra herencia patrimonial. Yerushá, en hebreo, Heritage o inheritance en inglés, es esa parte que nos hace únicos, a la vez que pertenecientes a un todo universal.

Al principio se señala que la herencia sucede tras la muerte de aquel que deja esa herencia. Pero, si se ponen a pensar, el apellido que nos es dado desde el nacimiento y que nos acompaña a lo largo de nuestra vida y lo heredamos, dice ya quienes somos, de dónde venimos, quienes son nuestros padres y generaciones anteriores. Otorgan ya una etiqueta y con ello cierto status o, ninguno. El nombre de alguien con el cual se nos pueda asociar —sea una asociación positiva, pero también pudiera ser negativa— nos deja marcados, para bien o para mal.

Herencias de todo tipo. Cuidemos lo que estamos recibiendo y también lo que estaremos dejando.

*Raquel Bialik, Antropóloga Social, estudió en la Universidad de California (Berkeley) egresada de la ENAH, El Colegio de México, Directora de Agorabi, Lugar de Encuentro (Tepoztlán, Morelos). Consultora de instituciones públicas y privadas, autora de capítulos y libros nacionales e internacionales especializada en Antropología Médica, Tercera Edad y Asistencia Social. Colaboradora de la Revista Ser Mayor.

e-mail:  agorabi16@gmail.com 

Deja un comentario

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.