De las técnicas de relieve a las técnicas del “estado profundo”: Fin del ser humano como proyecto político

Norbert Wiener, matemático estadounidense creador de una disciplina llamada cibernética en la de década de los cuarenta del siglo pasado, mencionó que conociendo a la sociedad nos podríamos adueñar del mundo. La clave de ello es la información; como posibilidad de saber el pensamiento, los sentimientos, los valores y las actividades de las personas y los grupos, para con ello gestionar hacía dónde deberían ir sus creencias y sus prácticas.

Una de las primeras iniciativas para penetrar en los códigos de funcionamiento de un colectivo, yo les llamo las “técnicas de relieve”, es decir, aquellas que exploran las superficies visibles observadas desde la tierra o en el espacio para conocer los “accidentes” que hay en el terreno. En tal caso, en términos individuales como sociales, esos “contornos humanos” representan la cara más visible que se encuentra en el litoral de la psique, es decir: una opinión o una actitud.

Uno de los instrumentos para conocer el relieve; es la encuesta estadística. En ese sentido desde el punto de vista del sociólogo español Jesús Ibáñez, esta técnica de investigación, nace en la Edad Media como un dispositivo para “arrancar la verdad de grado” a quienes fuesen sospechosos de creer en otra religión. Una vez localizados se les buscaba en sus casas y eran envíados a los intrumentos de tortura de la Santa Inquisición para continuar de manera violenta con el interrogatorio.

La encuesta resurge con mayor fuerza en los comienzos de la producción industrial y en la era del marketing para captar clientes y posicionar productos. Esto último fusiona el interés económico y de control en las llamadas sociedades disciplinarias. No obstante, el tiempo ha cambiando, algunos mecanismos de dominio se han extinguido y otros han cambiado para reforzar a las nuevas plataformas que tratan de seguir gestionando la producción de sentido en los seres humanos.

De tal suerte emergen las “técnicas del estado profundo” como una dinámica sútil para ejercer una inspección más eficaz de nuestras mismas percepciones y movimientos. Esto se puede observar en lo que hacen las nuevas tecnologías de la información y la comunicación con nosotros, lo cual se ha estado analizando en dos niveles: El primero, implica el uso intensivo en cuanto a los significados informativos que penetran nuestro sistema cerebral y el extensivo, el cual se refiere a estar conectados durante largo tiempo. Los dos aspectos alteran la estructura neuronal; acostumbrándonos a contenidos, aplicaciones y comunicaciones: rápidas, automáticas y triviales, lo cual define nuestras maneras de entender el mundo y de sensibilizarnos ante él. 

Con una navegación de este nivel, se comienza a tener ausencia de saber no sólo el por qué y el para qué existimos en una sociedad, sino que elimina aspectos como el altruismo y la cooperación base de la convivencia humana, lo que convierte nuestras relaciones en un espejo de sí mismo, es decir; no hay sociedad.

El segundo, cuando nos registramos en la red para el uso de alguna “app”, entregamos información sobre lo que somos para voluntariamente convertirnos en un “dato” que ofrece “datos”, sea para recibir bienes o servicios de consumo o para ser blanco de la vigilancia en caso de que no seamos gratos para el sistema que hace ese tipo de cosas. Sea por la vía de un “desgarro a la sensibilidad” y/o por concebirnos como un nodo que entrega y recibe cosas al infinito, lo cierto es que al final del día; lo político como uso deliberado para la crítica, se desvanece para dar paso a una realidad indolente, ignorante y frívola que debemos combatir a través de desenmascarar la utilización que hace el capitalismo de este tipo de tecnologías. 

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