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Mexicanos y Diabetes… más allá de la dieta T

Por: Julia Salinas Ducker

Sabemos de antemano que pirámide alimentaria mexicana, se encuentra malamente fundamentada en la famosísima “dieta T”, ¡y cómo no! Si no hay nada más rico que la combinación de masa de maíz frita con carne o queso y salsa en cualquiera de sus presentaciones.  El problema es que cuando lo combinas con sedentarismo, bebidas altas en azúcar, panes, harinas refinadas, stress y para acabar genética los resultados no son nada positivos.

¡Si, caray ¡Sólo eso nos faltaba! Investigaciones del Centro de Estudios en Diabetes A.C. Y el Instituto Nacional de Salud Publica dieron a conocer que los mexicanos tenemos un gen que nos hace ser 28% más propensos que el resto del mundo a padecer Diabetes.

Este famoso gen influye en la manera en cómo el metabolismo de los mexicanos procesa y almacena el exceso de glucosa y lo convierte en grasa, principalmente central o abdominal que es una grasa activa o “viva” aumentando así el riesgo muerte súbita.

Todos los humanos contamos con 23 pares de cromosomas que es donde habitan estos genes, que nos heredan no sólo los rasgos físicos de nuestros padres y ancestros, sino también las enfermedades o la susceptibilidad para desarrollarlas. Las investigaciones más recientes han dado cuenta de casi 40 genes asociados con la diabetes tipo 2 y es así como las personas que tienen un padre diabético aumentan en un 40% sus probabilidades de presentar la misma enfermedad, mientras que si son ambos padres esta probabilidad se eleva hasta en un 70%.

La idea de todas estas cifras no es espantarlos ni mucho menos, más bien hacer conciencia de la enorme importancia que tiene hacerse chequeos continuos aleatorios de los niveles de azúcar en sangre y de modificar nuestros hábitos. Se dice fácil ¿no? pero implica hacer un acto de autoevaluación de nuestro día a día para identificar donde están esos pequeños detalles que nos pueden empezar a causar problemas como: hacer ayunos de más de seis horas, comer gran cantidad de pan, pastas, tortilla, arroz, galletas, atole, jugos y refrescos (y por gran cantidad me refiero a más de 5 de estos al día), no hacer ejercicio vigoroso 30 minutos 3 veces a la semana, consumir alcohol, fumar, estresarnos, es decir vivir… ¿entonces ya valimos? La verdad es que no, la idea es empezar poco a poquito, sumando un esfuerzo a la vez y educando las bases de una buena alimentación a las futuras generaciones, que son tristemente las que más propensas están a alimentarse mal y a quienes les heredaremos nuestra genética “maltrecha”.

¡Los leo en mis redes!

 

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