violencia en méxico

Reto: Abatir el crimen y la delincuencia organizada.

Por: Diego Salazar

Cuando Felipe Calderón Hinojosa asumió la Presidencia de la República en 2006, uno de sus primeros actos fue enfundarse la casaca militar –que le quedaba grande– y declararle la guerra al narcotráfico. Y lo único que logró fue un baño de sangre que ha perdurado hasta nuestros días, al alborotar el avispero de la delincuencia organizada y permitir que los narcotraficantes y grandes cárteles diversificaran sus actividades criminales.

Las masacres entre fuerzas militares-policiacas contra delincuentes fueron sin ton ni son, y continuó en el siguiente sexenio –de Enrique Peña Nieto–, sin que se les pudiera frenar, con bajas en ambos mandos, incluso civiles, a quien el mismo Calderón dijo que más bien eran “daños colaterales”.

En esta cruenta guerra, los cuerpos se fueron sumando, asó como el número de desaparecidos. “Si murieron o desaparecieron, fue porque andaban en malos pasos”, argumentaban autoridades federales, en su afán de desestimar la gravedad y magnitud del problema, mismo que aún persiste. La violencia no ha podido ser frenada, planes van y vienen, pero todos han demostrado ser un fracaso. Y mientras, los números fatales se siguen incrementando…

Nunca más: AMLO

El 4 de febrero pasado, el presidente Andrés Manuel López Obrador puso el dedo en la llaga, al presentar su estrategia nacional de búsqueda de personas desaparecidas en México.

De entrada, aseguró que “nunca más el gobierno recurrirá a la fuerza ni declarará una guerra para enfrentar los problemas de inseguridad”. Luego dio números, y aseguró que existe aproximadamente un millón de víctimas de la violencia en México, entre muertos y desaparecidos, como saldo de “la absurda guerra” que desde 2006 declaró el entonces presidente Felipe Calderón, y que continuó su sucesor, Enrique Peña Nieto.

“Este es el saldo doloroso, terrible, de una política fracasada, inhumana, corrupta, que ya no puede volver a imponerse en México”, dijo el presidente López Obrador ante familiares de desaparecidos y víctimas de la violencia.

El mismo titular del Ejecutivo federal, en reiteradas ocasiones, ha dicho que esta espiral de violencia –que conlleva a una crisis humanitaria y de derechos humanos– se debe a la aplicación de un modelo económico neoliberal, “que ahondó como nunca la desigualdad en el país. Eso fue lo que desató la inseguridad y la violencia”, dijo. Pero “nunca más el uso de la fuerza para resolver problemas sociales”.

Y comprometió su palabra: dijo que hará “todo lo humanamente posible” para resolver el problema de los desaparecidos. También lamentó las versiones de que la violencia en nuestro país tuviera su origen en “la naturaleza de los mexicanos”.

Más tarde, Alejandro Encinas, el subsecretario de Derechos Humanos, al detallar los 11 puntos de un ambicioso plan que involucrará a las organizaciones de familiares de víctimas de desaparición, afirmó que por primera vez “el Estado asumirá su responsabilidad” en la crisis humanitaria que atraviesa México.

Encinas apuntó que problema involucra a 40 mil desaparecidos, más de 1 mil 100 fosas clandestinas y 26 mil cuerpos sin identificar. “Esa es la magnitud de la crisis humanitaria en México”, señaló.

 

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