Las parejas románticas más simbólicas y representativas de la Literatura

Ahora que se acerca el 14 de febrero recordaremos a algunas de las parejas más simbólicas de la literatura, pues no hace falta ser un romántico empedernido para disfrutar de un buen libro romántico, en el que se paseen personajes tan intensos de la escritura universal como: Ana Karenina, Lolita, Don Quijote o Julieta.

1. Romeo y Julieta (William Shakespeare): el amor trágico

¿La historia de amor literaria más conocida de todos los tiempos? La unión de sus nombres es sinónimo de ese sentimiento que ni sicólogos ni poetas pueden definir; aunque también hemos de decir que, dependiendo de la traducción o la adaptación en que la recibamos, también podría serlo de lo cursi…  Lo cierto es que los libros clásicos han alimentado nuestros sueños de grandes y épicos amores.

2. Rebeca y Maxim de Winter (Daphne du Maurier): el amor obsesivo.

Podemos luchar contra las convenciones sociales, la enfermedad, el tiempo, el dinero, la distancia, pero… ¿contra un fantasma? Una joven casada con un viudo comenzará su -en principio- idílica historia de amor al llegar a la mansión de Manderley. Pero pronto descubrirá que allí reina otra mujer: la difunta Rebeca.

3. Teresa y Tomás (Milan Kundera): el poliamor.

Hablamos de teresa y Tomás, pero también podríamos haber citado primero a Sabina y Franz. O más aún, del entramado de compromiso, celos, entrega, sexo, inseguridades y amor que supone quererse en nuestros días. Aunque la novela la publicó Kundera en 1985, bien podría servir de lectura de cabecera para todas esas parejas que dan vueltas en estos momentos al tema del poliamor. Pero la grandeza de La insoportable levedad del ser no reside obviamente en tocar este asunto, en absoluto novedoso, sino en su endiablada capacidad para mezclar temas filosóficos, políticos y sentimentales sin que la historia se resienta.

4. Ana Karenina y el conde Vronski (León Tolstói): el amor adúltero.

Nuestros planes de vida pueden dar un giro de 180º si se nos cruza en el camino la persona equivocada… ¿o más bien sería la persona ideal? En el caso de Ana Karenina, que renuncia a todo (marido, riqueza, respeto social y ¡hasta a su hijo!) por seguir lo que le marca el corazón, su amor por el Conde Vronski,

5. Andre Gorz y Dorine: el amor para toda la vida.

“Acabas de cumplir 82 años. Has encogido seis centímetros, no pesas más de 45 kilos y sigues siendo bella, elegante y deseable. Hace 58 años que vivimos juntos y te amo más que nunca”. Poco más habría que añadir después de leer el inicio de ese sobrecogedor libro (Carta a D. Historia de un amor) que el filósofo y periodista André Gorz escribió a su mujer. Teórico y fundador de Le Nouvel Observateur, André compartió 60 años de vida con su esposa, 23 de ellos, los últimos, abandonando su trabajo en la revista para poder dedicarse a escribir y a cuidar de Dorine, que sufría una enfermedad degenerativa sin solución médica. El libro acaba afirmando lo que ambos sabían: que no podían vivir el uno sin el otro. Y así fue: en septiembre de 2007 se suicidaron juntos, en su casa de Vosnon (Francia).

6. Lolita y Humbert Humbert (Vladimir Nabokov): el amor prohibido.

Aún hoy sigue escandalizando la lectura de Lolita. Y es que, aunque vivamos de vuelta de cualquier tipo de escándalo sexual, cuando un hecho que escapa a la moral imperante se narra con la profundidad y la delicadeza con que lo hace Nabokov, algo se nos remueve por dentro. Un hombre de mediana edad enamorado de su hijastra de 12 años, una pasión incontrolable que le lleva a cometer las peores tropelías.

7. Cyrano de bergerac y roxana (Edmond Rostand): el amor oculto.

Es un drama en verso de finales del XIX. Cyrano de Bergerac que no deja de ser la eterna historia del chico feo enamorado de la guapa, que a su vez sólo tiene ojos para el joven atractivo. Cyrano es un soldado orgulloso y sentimental con unas maravillosas dotes para la palabra, pero tiene un gran defecto: su descomunal nariz, que le hace creer que nunca enamorará a la bella Roxana. En su compañero de batallas Christian, en cambio, ocurre al revés: todo lo que tiene de guapo le sobra de tonto quien también está enamorado de la protagonista de la historia, quien caerá hechizada por las cartas que recibirá firmadas por Christian, pero escritas por Cyrano.

8. Seda (Alessandro Baricco): el amor imaginario.

De cómo un encuentro fugaz, casi podríamos decir una sola imagen, puede trastocarnos la vida nos habla, entre muchas otras cosas, esta novela del escritor italiano Alessandro Baricco. Un comerciante francés del siglo XIX viaja a Japón para comprar huevos de gusano de seda. La fascinación que sentirá al encontrarse con una misteriosa mujer sólo es comparable al deslumbramiento que le provoca el contacto con la cultura japonesa.

9. Don Quijote y Dulcinea del Toboso (Miguel de Cervantes): el amor caballeresco.

Tan grande es esta obra magna del Quijote, tantas facetas presenta que a veces se nos olvida que encierra también una gran historia de amor: la de un hombre enamorado de una mujer que sólo existe en su cabeza. Bueno, existir, Dulcinea existe, pero en vez de ser una dama elegante, pura y bella se trata de una campesina fea y ligera de cascos, que responde al nombre mucho menos delicado de Aldonza Lorenzo. Pero Don Quijote necesita una dama como inspiración para lanzarse a desfacer agravios, y a falta de ella, se la construye. Lo que no quita que le dedique algunas de las palabras más bellas de un libro ya de por sí es hermoso.

10. Ulises y Penélope (Homero): el amor paciente.

Una historia que nos llega del siglo VIII antes de Cristo, nada menos. Después de estar 10 años luchando, Ulises (Odiseo, en modo latino) vuelve a casa para reencontrarse con su amada Penélope. Pero el camino de vuelta a casa estará plagado de aventuras y obstáculos, con lo que tardará otros 10 años en llegar… A Penélope no le faltarán pretendientes a lo largo de esas dos décadas, pero ella, para quitárselos de encima, decide que no aceptará a ninguno hasta que no acabe de tejer el suéter en el que trabaja, el mismo que cada noche desteje a escondidas… Hasta que, por fin, llega Ulises.

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