METEO

Recientemente, en unas vacaciones a una zona costera, me permití observar a diferentes especiaes de aves marinas volar y utilizar el viento a su favor. Momento en el que se me ocurrió la pregunta en el título y pude responder a ella de manera un poco sorpresiva. Por supuesto el título, cómo muchos otros encabezados, es un poco exagerado y está diseñado para atraer tu atención. Pero digamos que la pregunta real es si una aeronave puede aterrizar en un área tan pequeña como el rectángulo que lo circunscribe.

Por supuesto que hay aeronaves que lo pueden hacer, por ejemplo un helicóptero, específicamente diseñado para ello. Inclusive hay aeronaves de ala fija que también lo pueden hacer, aproximadamente, como el Harrier inglés (1966-1994) o algunas versiones del más moderno Lockheed-Martin F-35 (2006) de los EUA. Pero esto lo hacen a través de toberas especiales que desvían el flujo de su chorro hacia abajo. Yo me refiero a aeonaves más convencionales, como podría ser un jet de pasajeros convencional. ¿Puede aterrizar un jet de pasajeros convencional en una rectángulo apenas mayor a su propio tamaño? Estamos acostumbrados a pistas aeroportuarias que miden varios kilómetros de longitud, digamos desde unos 2.75 km a nivel del mar hasta unos 5 km a relativamente gran altitud sobre el nivel del mar. Entonces, la pregunta parece una broma, ¿no es así?

Pues resulta que la sustentación (fuerza hacia arriba) que las alas de una aeronave le dan a ésta despende de la velocidad del aire alrededor de las propias alas. Nótese que no he dicho la velocidad de la aeronave con respecto al suelo. Para que un jet de pasajeros tenga suficiente sustentación para sostener el peso del aparato, la velocidad del aire alrededor de las alas debe ser del orden de unos 270 km/h. A esto se le llama, sin grandes sorpresas, la velocidad de sustentación.

Cuando un avión despega, acelera sobre la pista para lograr precisamente esta velocidad de sustentación, momento en el que el peso del aparato se ve contrarrestado por la fuerza de sustentación (hacia arriba) que le brindan las alas. Y es entonces cuando el piloto puede empezar a despegarse de la pista. Para aterrizar, el piloto debe bajar la velocidad hasta solo un poquito por debajo de la velocidad de sustentación, de  tal manera que vaya descendiendo muy paulatinamente hasta tocar la pista. Pero no estamos hablando de la velocidad del avión con respecto al suelo, sino la velocidad del avión con respecto al aire que lo circunda, que a su vez puede estar en movimiento.

Por ejemplo, si el avión viaja contra vientos de 50 km/h, estará en balance (ni sube ni baja) cuando su velocidad con respecto al suelo sea tan solo de 270 km/h – 50 km/h = 220 km/h. Y si el viento en contra es de 100 km/h, estaría en balance con velocidad con respecto al suelo de solo 270 km/h – 100 km/h = 170 km/h. En el extremo, cuando el viento en contra fuera de 270 km/h, el avión estaría en balance para velocidad con respecto al suelo de tan solo 270 km/h – 270 km/h = ¡¡¡ 0.0 km/h !!! Si un avión alcanzara estas condiciones cuando está a punto de tocar el suelo, podría aterrizar en un rectángulo que apenas lo contuviera.

A nivel del suelo (o digamos a 10 metros sobre él, como es convencional) vientos sostenidos de 270 km/h son muy raros, representarían aquellos presentes en un huracán categoría 5. Pero ocurren, por lo que, teóricamente, un jet de pasajeros podría aterrizar en un rectángulo de pista que apenas lo contuviera. Esto es lo que observé en las aves marinas en mis vacaciones costeras recientes, que vuelan en contra del viento prácticamente manteniéndose inmóviles sobre el terreno (o el mar sobre el pez que quieren apresar).

Hay por ahí una antigua película, durante la Segunda Guerra Mundial en el Pacífico, en el que un gran número de aviones sobreviven un tifón (lo mismo que un huracán) piloteando sus aviones contra sus vientos cambiantes con sus ruedas todavía sobre la superficie del aeropuerto, utilizando la fuerza de sus motores exactamente para contraponerse a las fuerzas de arrastre del viento sobre ellos. Si, solamente, me acordara yo del título de dicha película . . .

(Nota realista: la turbulencia sobre una pista sobre la que corren vientos de 270 km/h sería tan alta que haría dicho aterrizaje teórico una imposibilidad práctica).

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